La pantalla del siglo

"La piel del deseo": Mujeres madres y abuelas

Dos niñas alegres corren y nadan en una bella playa de Australia. Una balsa anclada en el agua es su isla y refugio flotante donde toman el sol y comparten sus secretos. Las niñas crecen pero siguen igual de alegres e inseparables. Se vuelven mujeres, se casan, tienen un hijo cada una y entierran al marido de Lil, la rubia entre las amigas. Al quedarse sola con su hijo Ian, Lil se refugia por completo en la amistad con Roz y las dos mujeres, que, en tono burlón, suelen mencionar que son "mujeres de cuarenta y algo", se dedican a apoyar a sus hijos, jóvenes deportistas de veinte años a los que une una amistad juguetona y competitiva. La vida cerca del mar y la amistad casi simbiótica de los cuatro, convierte la convivencia en una especie de comuna hippie, un espacio de libertad en el que aflora el deseo entre Roz y Ian, hijo de Lily. La relación pone en peligro la armonía del cuarteto hasta que Lil y Tom, el hijo de Roz, restablecen el equilibrio. A pesar de la trasgresión de las convenciones las mujeres deciden aceptar que la situación de felicidad "mientras dure".

Todo eso se narra en la primera parte del filme. La situación y el desarrollo de las relaciones de los personajes centrales del filme son arriesgados y la trasgresión de las convenciones seguramente inquieta a buen número de espectadores. Aunque el cine actual ha descubierto a los personajes femeninos que buscan y luchan por su independencia y autodeterminación, todavía es atrevido mostrar a mujeres que no sólo se definen por su rol de madres y profesionistas sino que reclaman realizar su sexualidad en plenitud. En una escena clave, las dos mujeres observan a sus hijos librar una competencia de surfeo. Con orgullo admiran los cuerpos y el vigor de los jóvenes. "Nosotros los hicimos", comentan con una sonrisa de complicidad. "Son maravillosos, son como dioses". Para los "dioses" y sus madres, el mar, la playa y las casas transparentes, son un entorno digno y la balsa anclada frente a la costa una isla y refugio para el amor y la felicidad. El cuarteto amoroso vive la felicidad en armonía (y simetría). La única nube negra en el horizonte es la edad, la edad que se aproxima y vuelve tangible, la edad que se graba en la piel y se vuelve obsesión.

La película La piel del deseo (distribuida en Europa como Adore y en EUA como Dos madres o Madres perfectas) está basada en un texto de Doris Lessing, escritora británica y premio Nobel 2007. Del libro The grandmothers. Four short novels, (Las abuelas. Cuatro relatos cortos) el guionista Christopher Hampton y la realizadora Anne Fontaine adaptaron el primer relato. El guión se centra casi por completo en los personajes de Roz y Lil, observa cómo nace y se desarrolla su amistad, cómo crece la intimidad entre las niñas, mujeres, esposas, madres, amantes y, más tarde, abuelas. En todo momento el filme se nutre de las atmósferas, la relación y comunicación entre los personajes femeninos. Las mujeres comparten sensaciones y emociones, duelo y tristeza pero también dudas, incertidumbres e inquietudes. Toman decisiones y se atienen a las consecuencias, a veces placenteras pero también dolorosas. Al lado de la complejidad femenina, los personajes masculinos resultan frágiles y restringidos a sus roles sociales.

También la estética se somete al descubrimiento de las atmósferas, la intimidad y el entendimiento casi simbiótico entre las mujeres. La cámara sigue las miradas, flota sobre el agua, recorre los cuerpos, capta las olas con los movimientos de los surfistas y observa la celebración de las comidas. El sonido acompaña los momentos de alegría, los enojos y diálogos en los que se dice - o calla - todo. Con franqueza se muestra y tematiza la percepción y el erotismo femeninos.

La intimidad de las dos amigas que comparten sus vidas y mundos me recordó el filme Criaturas celestes (Heavenly creatures) de Peter Jackson (1994). Pero también pensé en Snow Flower and the Secret Fan (El secreto de la Flor de Nieve) de Wayne Wang, una película que narra una historia del siglo 19 y tematiza una amistad femenina vitalicia que, según las costumbres, se sellaba con un contrato firmado durante la niñez.

La piel del deseo reúne dos universos femeninos de autoras que, cada una en su época y medio de expresión, observan experiencias de vida femenina y muestran a mujeres que se asumen como sujeto de la historia en lo individual y social. También tematizan la especial solidaridad que se crea entre dos mujeres que se reconocen en la otra como en un espejo. Doris Lessing, nacida en 1919, lo hace a través de una pluma abierta, inteligente y a partir de la experiencia de una mujer mayor. La realizadora francesa Anne Fontaine, nacida en 1959, confía su historia a Naomi Watts (Lil) y Robin Wright (Roz), actrices atractivas e inteligentes que se deslizan con elegancia por los roles femeninos que les exige la historia. El resultado es una película bella y atrevida que impacta al espectador.