La pantalla del siglo

'De tal padre tal hijo': dudas y dilema

Una pequeña familia japonesa feliz. El hijito es simplemente adorable. Con su carita dulce y los grandes ojos observa el mundo con curiosidad y sorprende a sus padres con sus comentarios ocurrentes. También el padre es un hombre atractivo, un arquitecto exitoso que impulsa la educación de su hijo y provee a su esposa, una joven cariñosa y juguetona, con todo lo que necesita para llevar una vida holgada y dedicarse de lleno a la educación de su hijo. Con esta estampa de una familia japonesa feliz empieza De tal padre tal hijo, el más reciente filme del afamado director japonés Hirokazu Kore-eda. En mi descripción de los primeros minutos de la película reduzco a los personajes a sus roles de padre, madre e hijo puesto que así los muestra el guionista y realizador Hirokazu Kore-eda describe a una joven pareja japonesa con un hijo único como modelo para un modo de vida exitosa con un futuro prometedor. Una trama centrada en un niño no es novedad para el director japonés quien convence con una filmografía sumamente rica y personajes llenos de conflictos y reflexiones acerca de la vida, la convivencia y la muerte. También sobresale por la concentración de sus relatos en las percepciones y los momentos cotidianos de gran intensidad captados por una estética exquisita. Como ejemplos sirven sus anteriores filmes como After life (1989), Nadie sabe (2001), Hana (2006), Still walking (2008), Air doll (2009), Milagro (2011)

Sólo algunos pequeños gestos, miradas y palabras de Ryota hacia su hijito Keita y su mujer, anticipan que la ambición y las exigencias educativas del padre son exageradas y que  la trama de De tal padre tal hijo (Sochite chichi ni naru (2013) pondrá a prueba la seguridad del mundo que Ryoto pretende construir para su familia y para sí mismo. El primer golpe del destino no tarda en aparecer cuando del hospital dónde la mujer dio a luz, llega la invitación para una reunión urgente. La noticia que recibe la pareja es estremecedora: Es posible que en los cuneros su hijo fuera intercambiado con el bebé de otra mujer y que su verdadero hijo viva en el seno de otra familia. Es en este momento que empieza el drama - y dilema – de dos familias con hijos intercambiados que se desarrolla a lo largo del filme.  

Recuerdo otro filme cuya trama gira alrededor de bebés intercambiados, la adorable comedia Toto le héros del realizador belga Jaco Van Dormael (1991). En Toto el héroe, el supuesto intercambio con el bebé de los vecinos ricos, es fruto de la imaginación del niño Toto y la envidia por su vecino rico. También en De tal padre tal hijo la diferencia de clase es importante. El conflicto, sin embargo, no está del lado de los hijos sino de los padres. Para el arquitecto Ryoto y su desmedida ambición las debilidades de su hijo, que en realidad es hijo de otros, se explican por no llevar su ADN. “Ahora todo tiene sentido”, comenta amargamente a su esposa quien le reprochará la frase en alguna de las discusiones provocadas por el dilema de qué hacer para remediar la situación.     

De manera inteligente y didáctica el filme desarrolla el tema y la duda de qué tanto un niño es resultado de su carga genética y/o la crianza y educación que recibe. La situación se nutre, desde luego, de la duda que todos tenemos en algún momento de nuestras vidas. Como hijos nos preguntamos si nuestros padres realmente lo serán mientras que como padres descubrimos en los hijo rasgos que no nos parecen familiares. Además de este tema universal, Hirozaku también desarrolla el tema del modelo educativo japonés que pretende preparar a los niños u jóvenes para la competencia, el éxito material y social. Por lo menos entre la clase pudiente mientras que la familia de barrio permite que sus hijos crezcan y se formen de manera más libre.

El desenlace propone una especie de arreglo entre las dos concepciones y puede parecer un tanto didáctico. Sin embargo, va de acuerdo con una de las situaciones características del director cuyos personajes a menudo están obligados a tomar decisiones.  

La estética del filme es sobresaliente. La composición, iluminación y puesta en cámara refuerzan el contraste de las clases y entornos sociales. La cámara de foto manejada por el pequeño Keita muestra la percepción infantil del mundo, situación que Hirokazu muestra en varios de sus filmes. No conozco la traducción literaria del título japonés pero después de ver el filme nos damos cuenta que el español De tal padre tal hijo necesitaría terminar con un punto de interrogación.

annemariemeier@hotmail.com