La pantalla del siglo

Mel Gibson y la defensa de las convicciones

A diez años de Apocalypto, una película que narra la historia de un joven maya en el ocaso del imperio, Mel Gibson volvió a dirigir un filme acerca de un personaje que defiende sus creencias y valores. Al igual que Braveheart (Corazón valiente, 1995), The passion of the Christ (La pasión de Cristo, 2004) y Apocalypto, 2006, Hacksaw Ridge (Hasta el último hombre) es un filme “de época” ya que narra la historia de un joven estadounidense que participa en la Segunda Guerra mundial, concretamente en la batalla de Okinawa en abril de 1945 cuando el ejército estadounidense  logra, después de varios intentos, asaltar el empinado risco japonés llamado Hacksaw Ridge, el título original del filme.     

Hacksaw Ridge (Hasta el último hombre) se promociona como película de guerra desde el poster con un soldado estadounidense que carga en sus hombros a otro, hasta la sinopsis y el tráiler. En realidad la Segunda Guerra mundial es el telón de fondo para el retrato, conflicto y desarrollo de un joven estadounidense que nace, crece y se educa en Virginia en una familia cristiana de moral extremadamente rígida, se enamora y enlista en el ejército para participar en una batalla crucial de la Segunda Guerra mundial defendiendo férreamente su convicción pacifista y rechazo a portar y usar cualquier tipo de arma. 

El filme está basado en un personaje real de nombre Desmond T. Doss, al que vemos comentar aspectos centrales de su experiencia en los créditos finales de la película. Junto a otros personajes que intervinieron en la batalla de Okinawa, el Desmond real narra cómo pudo salvar a unos 75 heridos de la muerte gracias a su convicción, tenacidad y resistencia física. El filme rinde tributo al héroe de guerra que ganó una medalla de honor al ficcionar su historia, mostrar momentos de su niñez y juventud y detectar en el entorno familiar y social los motivos de sus convicciones morales que moldearon su carácter y definieron su conducta de por vida. El pasado del padre, la competencia con el hermano y la presencia amorosa de la madre son elementos importantes en los que se centra la narración en la primera parte del filme.

En secuencias tranquilas y detalladas observamos, además, cómo Desmond descubre el amor y empieza la relación con su novia y futura esposa, una dulce enfermera que despierta su convicción y necesidad de servir al prójimo a través de ejercer la medicina. Desmond se convierte en un joven libre de todo pecado, un hombre tierno e inocente que, sin embargo, defiende sus convicciones con férrea necedad. Como buen patriota, Desmond siente la necesidad de apoyar al ejército de su país que combate en los distintos frentes de guerra; se enlista y su convicción moral y religiosa le dan la fuerza para resistir las humillaciones y agresiones de superiores y soldados durante el entrenamiento militar. Tampoco un juicio militar y la amenaza de purgar años en la cárcel afectan su resistencia a portar y usar armas. A la hora del combate en territorio japonés participa en los asaltos para asistir a los heridos, únicamente armado con su botiquín de primeros auxilios. Su fortaleza moral y física salvan la vida y ayudan a morir a soldados estadounidenses (e incluso japoneses).  

Si revisamos la filmografía de Mel Gibson como director, nos damos cuenta que sus protagonistas se parecen aunque se sitúen en distintas épocas y regiones del mundo. Gibson no escribe los guiones de sus filmes pero como actor y director reconocido, escoge relatos y protagonistas que, sin duda, concuerdan con sus convicciones personales. Sus filmes no profundizan en la descripción y el desarrollo de los personajes. Al centrarse, sin embargo, en detalles y acciones exteriores y materiales, el director muestra su maestría narrativa y el manejo de la emoción del espectador. El protagonista de Hacksaw Ridge es pura ternura, inocencia y certeza moral y religiosa. Donde sobresale la riqueza y complejidad narrativa del filme es en la descripción de la guerra. Las imágenes de cuerpos mutilados, fuego y siluetas entre la neblina y la pólvora, son estampas brutales y estéticas a la vez. Horror puro y fantasmal. Magistral puesta en escena de la violencia, la corporeidad y fragilidad humana.

Al salir de la sala, sin embargo, me nace una inquietud. De acuerdo, Mel Gibson sabe filmar. Sin embargo, la sala llena y los rostros de los espectadores salientes me ponen a dudar acerca del la intención y el mensaje del director. ¿Puede apostarle al mismo tiempo al cine como negocio y al cine que obliga al espectador a reflexionar acerca de la necesidad de resistir a la violencia? 

annemariemeier@hotmail.com