La pantalla del siglo

"Valerian": Luc Besson abre su baúl de juguetes

Qué bueno que no me dejé influenciar por las críticas y comentarios alrededor de Valerian y la ciudad de los mil planetas y acudí al cine para ver el más reciente filme de Luc Besson en cuanto se estrenó. Entendí - pero no comparto – el comentario de que Besson “ya no es el mismo de Azul profundo, Nikita y El profesional”. Encontré en Valerian la mayoría de los temas y preocupaciones del director francés, adornados, eso sí, con medios digitales que convierten el filme en un espectáculo visual y sonoro. Besson utiliza las enormes posibilidades técno - estéticas de la animación por computadora (CGI) y la captura del movimiento como un niño que abre frente a nuestros ojos su caja de juguetes para presumirlos. Son juguetes cuyos efectos sólo lucen en una pantalla grande y un sonido envolvente. Atrapan al espectador de tal manera que quizás le hagan olvidar que Besson insiste en presentar una perspectiva europea del cine de género y mostrar su profundo escepticismo frente a la civilización, la sociedad y las instituciones.

Valerian y la ciudad de los mil planetas es la adaptación de la popular serie de tira cómica francesa Valérian et Laureline de los autores Pierre Christin y Jean-Claude Mézière. Besson invitó al dibujante Méziére a colaborar en El quinto elemento (1997) ya que de niño había sido fiel lector de su comic y profundo enamorado de la heroína pelirroja Laureline. La tira cómica y el filme de Besson giran alrededor de Valerian y Laureline, una pareja de agentes federales, que trabajan para mantener el orden y la justicia en un tiempo y planetas del futuro. Valerian, quien tiene rango de Mayor, está enamorado de Laureline, una sargento que responde a su propuesta de matrimonio con escepticismo y burla irónica. La película sigue a los dos agentes a través del espacio/tiempo en su lucha por la justicia y la sobrevivencia de todo tipo de especies que comparten el universo.  

La estación intergaláctica Alpha en la que los humanos conviven con otras especies está conectada a un gran número de planetas y regulada por un Consejo de seguridad tipo ONU. El filme atraviesa con elipsis varios años y siglos hasta llegar al siglo 28. El paso del tiempo se ilustra en una divertida escena en la que un grupo de humanos recibe en la estación Alpha a delegaciones de distintos planetas. Las primeras son seres humanos de distintas etnias que bajan de sus naves, se acercan a los anfitriones y les estrechan la mano. En un montaje rápido siguen criaturas cada vez más monstruosas hasta terminar en gelatinosos moluscos que, sin embargo, aprenden que el apretón de mano es la manera civilizada de comunicarse con el otro. Besson convierte la escena elíptica en un muestrario de entes vivos con talentos y capacidades diferentes que llenan la pantalla y el ambiente sonoro con estampas visuales y efectos sonoros que despiertan reacciones de admiración y sorpresa en el público. Los choques de ambientes y estilos son fuertes: Las imágenes tipo kitsch caribeño del planeta de las perlas contrastan con las persecuciones, explosiones y escenarios de guerras desatadas por la supremacía y arrogancia del humano.

Sigo sosteniendo que Besson continua construyendo una perspectiva europea del cine de género y que Valerian y la ciudad de los mil planetas es su respuesta personal y juguetona a la saga de Star Wars – creada años después del comic Valérian et Laureline de 1967-  y a películas como Avatar que convierten las herramientas digitales en historias de ciencia ficción, aventura y acción estadounidenses. Besson se mofa incluso de la comedia romántica ya que su pareja de agentes es demasiado convencional y boba para ser tomada en serio. Lo que sí me parece serio es la preocupación por la naturaleza, el amor y la inclusión del otro que muestra el nuevo filme del director. Antes de que se acaben las vacaciones, vale la pena ver Valerian con sus hijos o nietos en edad de leer subtítulos, para dialogar con ellos sobre temas de multiculturalidad, inclusión y, porqué no, la necesidad de aprender idiomas extranjeros.

annemariemeier@hotmail.com