La pantalla del siglo

"El hijo de Saúl" o ¿existen imágenes para el horror?

La película húngara Saulfia (El hijo de Saúl) que recibió el premio del jurado en el festival de Cannes 2015, el Globo de Oro y el Oscar a mejor película en lengua no inglesa, revivió el debate acerca de cómo representar en el cine los genocidios inimaginables como el holocausto.¿Es éticamente aceptable “empacar” el tema del holocausto en comedias como La vida es bella del italiano Begnini o en dramas de sobrevivencia como La lista de Schindler de Steven Spielberg? ¿Se puede– y debe - poner en imágenes los horrores de un campo de concentración, las cámaras de gas y los crematorios? Muchos realizadores opinan que es imposible mostrar el horror del holocausto a través de una película de ficción. El realizador francés Claude Lanzman trató el tema en su filme Shoah, un ensayo documental de cerca de 10 horas en el que intercala los testimonios de testigos y sobrevivientes con imágenes de los campos de concentración vacíos. A partir de Shoah entre los realizadores que abordaron el holocausto se estableció una especie de contrato de ética de no mostrar imágenes con cadáveres.

Con su ópera prima El hijo de Saúl el realizador Lászlo Nemes rompió la llamada “prohibición de imagen”. Creó una película de ficción que construye una narración de suspenso centrada en un vivo y un muerto, trascurre en un campo de concentración y muestra no sólo las cámaras de gas y los crematorios sino también pilas de cadáveres y montañas de cenizas. El film sitúa la trama ficcionada en el contexto histórico del 7 de octubre de 1944 en el campo de Auschwitz–Birkenau. La fecha es importante para explicar la histeria que reinaba en el campo puesto que el ejército soviético se acercaba y que había que apresurar el proceso de exterminio de los presos.

Conocemos al protagonista Saúl Ausländer (Géza Röhring) en una escena con imagen desenfocada deunbosque con personas y el canto de pájaros repentinamente silenciado por un estridente silbido. Un grupo de presos empieza a moverse hacia un especio cerrado. Por encima de la espalda de Saúl, marcada con color rojo, se observa a los presos desvestirse para entrar “a la ducha” (en realdad una cámara de gas). Saúl es uno de los presos que fueron seleccionados para servir en un Sonderkommando(comando especial), un grupo comandado por la SS que retrasaba por unos días o semanas la ejecución. A partir de la primera escena el filme sigue a Saúl durante dos días en sus actividades “de limpieza”, su descubrimiento del cuerpo de un niño en el que cree reconocer a su hijo y el intento de “salvarlo” de la incineración masiva y darle sepultura según la usanza judía.

Nemes y su coguionista Clara Royer narran la historia de Saúl desde una perspectiva subjetiva que evita la contextualización y las subtramas. El filme no describe ni muestra los acontecimientos. Al mantener a Saúl a cuadro, centrar la imagen desde atrás de su cabeza y hombro y encuadrar su rostro inexpresivo se desenfoca el resto del plano lo que obliga al espectador a experimentar lo que el personaje percibe. Especialmente lo que escucha y evita ver. El formato casi cuadrado de la imagen, elplanosecuencia en constante movimiento y la deslavada profundidad de campo del cinefotógrafo Mátyás Erdély crean una cercanía física y emocional con el personaje que el espectador no puede evadir. Los sonidos y las voces no dejan espacio para respirar. Se escuchan comandos, gritos, sollozos y palabras en ruso, húngaro, polaco, yiddisch y alemán.

Shoah y El hijo de Saúl son, sin duda, dos polos opuestos de cómo abordar el tema del holocausto a través de la narrativa audiovisual. Me imagino que Nemes se esperaba una reacción negativa - o incluso un regaño – cuando le enseñó su filme a Claudio Lanzmann. Pero todo lo contrario, Lanzmann reaccionó de manera positiva y lejos del rechazo de los seleccionadores del Festival de Berlín que no admitieron El hijo de Saúl para su certamen de 2015. Además, en Alemania se retrasó el estreno de la película por varios meses y algunos críticos caracterizaron el filme como thriller o kitsch del holocausto.

¿Existen imágenes y sonidos capaces de trasmitir el horror del holocausto? Quizás no.

Pero Shoa creó conciencia a través del distanciamiento mientras que  El hijo de Saúl enfrenta al espectador con el hecho de que siguen sucediendo genocidios y matanzas en muchas partes del mundo y que mientras existen padres que buscan desesperadamente poder sepultar a sus hijos también existen personas, grupos, instituciones y creencias que justifican- o excusan - la barbarie.