La pantalla del siglo

El fin de los "Sueños de libertad"

The Inmigrant (Sueños de libertad) de James Gray puede verse como la historia de una inmigrante europea a Estados Unidos a principios del siglo veinte. Sin embargo, si la vemos desde una perspectiva latinoamericana, la historia de la polaca Ewa se convierte en una lección de historia y un recordatorio de que los problemas que viven los migrantes latinoamericanos en la frontera norte y en el país vecino como “extranjeros ilegales” – según las palabras de un senador republicano – son parte de la historia del país desde hace siglos.

Sueños de libertad empieza con un acercamiento a Manhattan y la estatua de la libertad. Sin embargo, la primera vista sobre la ciudad, que, por lo general, quita el aliento hasta de un viajero frecuente, se pierde en la niebla y el acercamiento a la famosa estatua es por la espalda. Es así, como la descubrían los migrantes europeos hacinados en los barcos que se acercaban a Ellis Island dónde por primera vez pisaban suelo americano. El filme sitúa la trama en el año 1921 y la primera secuencia muestra cómo miles de migrantes recién llegados hacen fila para ser examinados por un médico, como un primer filtro en el cual los débiles y enfermos son separados del resto. Un segundo filtro es la entrevista con un agente de migración que interroga a los recién llegados sobre sus antecedentes, su preparación escolar y profesional y sus nexos con Estados Unidos. Es el agente migratorio quien hace la selección y decide si alguien puede permanecer en Estados Unidos o es repatriado. Con un sello en la solicitud de asilo se decide el futuro de un recién llegado y de familias enteras.

Ewa, una joven polaca, cuya hermana no pasó la revisión médica, es rechazada en la entrevista puesto que, según una regla de migración, no se aceptan mujeres solas. EWA pide e invoca y llora. Tiene dos argumentos: No puede abandonar a su hermana enferma en Estados Unidos, ni regresar a Polonia. Finalmente logra convencer a un hombre de traje quien parece supervisar el proceso de migración. La propuesta de protección del hombre, basada en la corrupción de agentes migratorios, implica una especie de contrato de propiedad sobre Ewa, quien se da cuenta que Bruno Weiss, un migrante judío, maneja una red de negocios ilegales ligados a los migrantes recién legados y la administración de la isla Ellis.

El filme se centra y desarrolla en distintos ambientes, negocios y enfrentamientos de grupos de migrantes. Bruno Weiss y la dueña de un cabaret se dedican a la explotación de las personas, en especial de las mujeres jóvenes que son presa fácil porque están convencidas de  que necesitan protección. Ewa quien domina el inglés, seguramente podría valerse por sí misma. Sin embargo, cae en manos de Bruno porque está en deuda con él por la atención médica y la liberación de su hermana. El filme también describe la sumisión de las mujeres a una moral y religiosidad que promueve el sentimiento de culpa y la total pérdida de autoestima. La supuesta culpa las convierte en víctimas de todo tipo de abuso, un rol que aceptan como castigo o sacrificio.   

La fragilidad de Ewa, el ambiente de época y las relaciones entre los personajes están captados a través de la exquisita dirección de arte de Pete Zumba, la iluminación y fotografía preciosa y preciosista de Darius Khondji que hace lucir la fragilidad y la mirada de Ewa (Marion Cotillard), la ambigüedad del personaje de Bruno Weiss, interpretado por Joaquín Phoenix, y la sensibilidad de su hermano Emil (Jeremy Renner). The inmigrant atrapa al espectador a través del manejo del suspenso y las emociones. Como mujer frágil que se vuelve dependiente de un hombre ambiguo que la explota, Ewa es un personaje de identificación potente sin que se pierda de vista el tema y conflicto del filme: La facilidad con la que los migrantes son sometidos y explotados si los grupos de explotadores se ponen de acuerdo con “autoridades” y gozan de impunidad.

 

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