La pantalla del siglo

Él y ella: espejo y juego virtual

Hace dos días la columna de Bruce Schneider para Milenio decía “Las pantallas nos espían” y empezaba con: “Cada vez más somos vigilados por algoritmos, no por personas. Amazon y Netflix rastrean los libros que compramos y las películas que vemos y nos sugieren alternativas según nuestros hábitos. Google y Facebook observan lo que hacemos y decimos y nos muestran publicidad basada en nuestra conducta; Google hasta modifica nuestros resultados de búsqueda de acuerdo a nuestro comportamiento en línea”. (viernes, 28 de febrero 2014)

El hecho de ser usuarios - pero también alimentadores - de esta inmensa base de datos que crece en el espacio virtual, nos conecta de inmediato con la ficción futurista que construye el filme Her (Ella) escrito y dirigido por Spike Jonze. Situado en el futuro cercano el filme especula con lo que en muy corto tiempo será capaz de crear la tecnología: Personajes virtuales quienes se comunicarán e interactuarán con nosotros como lo haría una persona real. Lo que le sucede a Theodore, el protagonista de Her, está a un paso de lo que experimentamos con el programa Siri de IPhone cuando lo consultamos para buscar una dirección o el comercio más cercano a nuestra ubicación.

La primera escena del filme muestra al protagonista Theodore en plena crisis: Se acaba de separar de su esposa, su autoestima está por los suelos y se siente inmensamente solo. Vive en un rasga cielos y camina por las calles de una ciudad futurista. Como escritor de cartas “manuscritas” por internet, es exitoso pero ha perdido la fe en su talento para expresar palabras amorosas y sensibles para los clientes de la empresa beautifullhandwritingletters.com. En su desesperación descubre un nuevo sistema operativo que le permite crear un personaje virtual que lo conoce, le asiste, interactúa con él y se convierte en su confidente y compañero. El personaje virtual con voz femenina escoge el nombre de Samantha y, basado en el conocimiento de los hábitos de Theodore, lo sigue en los rituales de comunicación y aprende a anticipar sus necesidades y deseos. Con los datos acumulados en internet y la pregunta sobre la relación con su madre, Samantha se convierte en espejo y doble femenino de Theodore. Es la perfecta amante y compañera de vida y, por fin, Theodore  está feliz. ¿Pero Samantha? ¿Tendrá vida propia más allá de la virtual?          

Como creador y realizador audiovisual experimentado y nada convencional, Jonze no se quedó en la anécdota. A través de la estética y la tensión entre la imagen y el sonido, crea un discurso que aparentemente fluye ligero y divertido pero que, en el fondo, responde a dudas y cuestionamientos complejos. El choque de la tecnología futurista con una dirección de arte al estilo retro, crea un juego divertido. Los colores y pantalones anticuados que viste Theodor, sus rizos, su bigote junto a la poesía y exquisita caligrafía de las cartas, muestran a un hombre sensible, “mitad hombre y mitad mujer”, como comenta un colega de trabajo. Además, Theodore no es el único que duda de sí mismo y de los roles y las relaciones humanas reales. Ahí está su vecina Amy (Amy Adams) quien se crea un alter ego con un juego de video de una ama de casa. En otras escenas del filme se muestra el movimiento de la calle con cientos de transeúntes hablando solos, es decir “comunicándose” a través de un dispositivo móvil.

¿Son reales las emociones por un personajes virtual? ¿Puede un personaje virtual desarrollar emociones reales? En Her Jonze formula, pero no contesta, las preguntas. Y  hace bien porque al dejarlas abiertas confronta al espectador con sus propias dudas y no le propone una conclusión moralista. Simplemente juega con las posibilidades de transformación que sufren las relaciones humanas con la tecnología. Además, como observador del ser humano y su dificultad de comunicación, Jonze pone al descubierto cómo los rituales de comunicación y conducta crean cercanía pero también desgastan una relación.

Her juega con el carácter “audio - visual” del cine. Theodore (Joaquín Phoenix) tiene presencia física mientras que Samantha, el personaje virtual sin cuerpo, vive a través de su voz. Es la voz de Scarlett Johansson quien crea el personaje, modula su habla, suspira, gime y ríe de felicidad.El trabajo sonoro de Her es extraordinario. No sólo por la maravillosa interpretación de Johansson sino por el objetivo de Jonze de volver al espectador consciente y cómplice de la sonoridad de un filme.