La pantalla del siglo

"Whiplash": Entre educación y liberación

Con su cortometraje de 17 minutos Whiplash el realizador Damien Chazelle ganó el premio a mejor corto en el festival de cine Sundance y la recepción positiva le permitió convertirlo en largometraje del mismo nombre. A diferencia de muchos relatos fílmicos que funcionan como historias breves pero se sienten forzados cuando se alargan, Whiplash es una película de más de cien minutos que atrapa de principio a fin puesto que narra un drama potente, muestra el desarrollo de personajes convincentes, fluye con piezas de jazz atractivas y un ritmo tan vertiginoso que deja sin aliento al espectador. Por cierto, el título del filme se refiere a la lesión que conocemos como latigazo cervical. También es el título de una pieza de Jazz de Hank Levy que escuchamos y vemos interpretar a lo largo del filme.

Whiplash narra la historia del joven Andrew Neimann (Miles Teller), quien se ha fijado la meta de convertirse en el mejor baterista de jazz del mundo. El virtuosismo de su ídolo Buddy Rich y el hecho de ser admitido en un conocido conservatorio de Nueva York despiertan su ambición y lo impulsan a ensayar día y noche. El encuentro con Terence Fletcher (J.K. Simmons), el instructor musical más exigente y temido de la escuela, es crucial para la educación musical y emocional del joven baterista, ya que el maestro reconoce en Andrew un joven talento que, sin embargo, necesita de su mano dura e incluso manipuladora para  desarrollar al máximo su talento, probar su persistencia y vencer su carácter afable.

El espectador que se prepara para observar un relato educacional o un filme musical, se sorprende por el giro repentino en el tono y los sucesos acelerados que convierten el proceso educativo en una especie de instrucción militar que convierte el acompañamiento pedagógico de un joven aprendiz de músico en las voces de mando de un sargento como el de Full Metal Jacket (Kubrick 1987) y en el ejercicio extenuante y las manos ensangrentadas de Rocky Balboa en Rocky (Avildsen 1976). Las humillaciones verbales, gestuales y físicas crean tal miedo en Andrew y los demás músicos del Big Band que construye y dirige Fletcher que Whiplash incluso toma tintes de película de horror, un horror psicológico que se construye por los continuos cambios emocionales del maestros quien atrae y seduce a su pupilo con pequeños gestos y atisbos de elogio para, en un segundo, explotar en un ataque de ira que llega hasta la agresión física.

Aunque está centrado en la relación entre los dos personajes principales, el filme acompaña el hilo narrativo básico con la constante presencia apaciguadora del padre de Andrew, un escritor poco exitoso convertido en maestro carismático y una jovencita a la que el baterista convence que la pasión por la batería no le deja tiempo para un noviazgo. Estos hilos narrativos se juntan en el clímax y desenlace del filme y abren el tema al proceso de crecimiento y maduración de un joven que aprende a defender su objetivo y la libertad de elección. Si no fuera por esa posibilidad de lectura, el espectador podría caer en la tentación de que Fletcher y su método pedagógico de “Letra con sangre entra” podría tener la razón en humillar a su pupilo para despertar en él la competencia y la ambición de convertirse en el mejor.

El virtuosismo del baterista se traduce en un montaje y ritmo vertiginosos del filme. Los pasillos y salones del conservatorio, los planos cerrados a los instrumentos, las manos tocando y la observación de gestos, miradas y expresiones verbales, atrapan poderosamente al espectador. El filme que empieza con los suaves golpes de una batería que aumenta su ritmo y volumen, gira alrededor de este instrumento que se convierte en un personaje – y herramienta de tortura – que domina la relación de los humanos. En un vertiginoso clímax se muestra cómo las manos de Andrewfuerzan a la batería a desprenderse del tema de la pieza Caravan; la independizan de manera tan genial - ytambién dolorosa - que liberan al joven de todos los lazos autoritarios. Momentos como éste nos hacen olvidar algunos giros dramáticos forzados del filme, que, como la escena del accidente, no aportan ni a la historia ni al tema. La calidad de la dirección y de las actuaciones, la puesta en cámara y el sonido crean un filme que se apodera de la emoción del público aunque no esté especialmente familiarizado con el jazz.   


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