La pantalla del siglo

"Victoria": Berlín y el cine de gangster

El profundo impacto que me causó la película alemana Victoria de Sebastian Schipper motivó que la agregué a mi filmografía berlinesa personal que incluye joyas como Berlín, sinfonía de una ciudad de Walter Ruttmann (1927), Berlin Alexander platz de Rainer Werner Fassbinder (1980), Las alas del deseo de Wim Wenders (1987) y Corre, Lola corre de Tom Tykwer (1998). Aunque en Victoria la ciudad de Berlín no es el centro de la historia, la película se nutre del espíritu de la capital alemana que se caracteriza por su multiculturalidad, su enorme riqueza cultural - tanto tradicional como alterna – y los problemas sociales que comparte con las demás metrópoli del mundo.

Desde antes de volver a ser la capital de Alemania, Berlín ya tenía fama como la ciudad europea con más bares, clubes y antros abiertos las 24 horas. El filme se nutre de esa fama y la multiculturalidad de su población para observar a Victoria, una joven española recién llegada que experimenta suiniciación como nueva habitante de Berlín. De día Victoria se gana la vida atendiendo una cafetería, de noche busca un poco de diversión en un club de música electrónica. Sin embargo, es difícil conocer a berlineses, no solo porque Victoria no habla alemán, sino porque son individualistas y ni siquiera el joven que atiende la barra está dispuesto a entablar una conversación. Al salir del antro y subirse a su bicicletala mujeres abordada por un grupo dejóvenes que la invitan a festejar el cumpleaños de uno de ellos y enseñarle el verdadero Berlín nocturno. El ofrecimiento y las ganas de compañía de Victoria desatan una aventura nocturna hilarante en la que el espectador participa como un integrante más del grupo de jóvenes fiesteros.

Victoria es un filme fascinante que sorprende y seduce a los espectadores y críticos desde que se estrenó en el marco del festival de Berlín. La fuerza del filme resulta de los personajes, la observación de los choques personales y culturales, la detallada observación de rituales y formas de convivencia juvenil.Aparte de esos elementos comunes de muchos filmes, Victoria sobresale por una innovación que no sólo es determinante sino que le da vida, ritmo y emoción al filme: La decisión de Schipper de realizar el filme como plano secuencia de más de dos horas. El plano secuencia no sólo define el estilo y la estética, sino crea un relato fílmico que mantiene atrapado de principio a fin. La cámara en mano de la noruega Sturia Brandth Grøvien sigue a los personajes a través de calles, se sube con ellos a coches y taxis, se trepa al techo de un edificio, se introduce en un club nocturno, una cafetería, un hotel de lujo y los acompaña en una dramática persecución y enfrentamiento con la policía. La continuidad de la toma crea un sentimiento de lealtad con los personajes, muestra sus sueños y debilidades y descubre la red de dependencias que los tiene amarrados y no les permite realizarse en el presente ni poder hacerproyectos a futuro.

A través de la imagen sin cortes que narra una historia de 140 minutos, el espectador experimenta una aventura intensa que apenas le deja tiempo de preguntarse cómo habría sido la producción. Porque recordemos que las películas que simulan ser plano- secuencias como La soga de Alfred Hitchcock, La tarea de Jaime Humberto Hermosillo y Birdman de Alejandro González Iñarritú, son montajes de secuencias que disfrazan los cortes a los que obligaban los carretes de celuloide de 35 milímetros y la construcción del tiempo/ espacio de la narración. Victoria es la grabación en tiempo real de un guión de apenas 12 páginas y tres meses de ensayos previos a la grabación en los que los actores desarrollaron sus personajes, aprendieron a comunicarse en inglés y alemán, improvisar gestos, diálogos e interactuar con la cámara. Lo que vemos como filme terminado es la tercera versión grabada en una sola toma y con sonido directo.

El reto formal y de producción podría, desde luego, haberse traducido en un filme experimental. Pero no, Victoria, el cuarto filme del director después de Gigantes absolutos, Un amigo mío y Mediados fines de agosto,se nutre del cine de gangster y de acción. La detallada observación del ambiente multiétnico y cultural, el ritmo cambiante que permite escuchar un concierto de piano - el vals Mefisto de Franz Liszt - o vivir una desenfrenada persecución policiaca y las sobresalientes actuaciones de Laia Costa como Victoria y Frederick Lau como Sonne, convierten al filme en una experiencia inolvidable para los públicos más diversos.

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