La pantalla del siglo

Un 'Spotlight' sobre el periodismo de investigación

Las películas que giran alrededor de una investigación periodísticas involucran al espectador de la misma manera que los thriller policiacos y las tramas que suceden en una corte de justicia. Al tratar un crimen, una injusticia o una denuncia revelan y dosifican la información de tal manera que el espectador se emociona por los hechos y se identifica con los personajes que buscan descubrir la verdad.

Un guión perfectamente construido como el de Spotlight escrito por el director Thomas McCarthy y Josh Singer, mantiene la atención del espectador en dónde lo necesita la secuencia de hechos, la relación y los enfrentamientos de los personajes, el objetivo del tema y, desde luego, la intención de los autores. Spotlight empieza con una escena situada en 1976 en una estación de policía en Boston. Vemos a dos agentes comentar un caso de abuso infantil por parte de un cura católico y observamos cómo todo "se arregla" por mediación de la arquidiócesis de Boston. Nadie –ni el espectador- se alarma, puesto que el tono casual y distanciado con el que se narra la escena corresponde a la rutina diaria de un puesto policíaco cualquiera. El drama empieza después de una elipsis de más de veinte años en la redacción del Boston Globe. Un director recién llegado le encarga a un equipo de reporterosla investigación de una serie de abusos infantiles cometidos por curas en los años setenta. Algunos de los reporteros de más antigüedad en el equipo Spotlight recuerdan las denuncias que sorprenden a los jóvenes reporteros. El encargo de indagar los hechos del pasado pone a prueba las habilidades investigativas de cada miembro del equipo. También los enfrenta con cuestionamientos morales ya que deciden no quedarse en la denuncia de los casos sino de llegar "a fondo" y descubrir el "sistema" que permitió la red de corrupción e impunidad.

La estructura del filme sigue los pasos de una investigación periodística y el espectador conoce la consulta de archivos, documentos y recortes de periódicos, las entrevistas a víctimas, testigos y expertos y las transcripciones de interrogatorios etc. En el transcurso de la indagación los reporteros –y, desde luego, también los espectadores- aprenden acerca de las especificidades del abuso de menores por personas que ejercen la autoridad moral, emocional y espiritual. El filme lo ejemplifica a través del testigo de una víctima que narra de qué manera él y su familia fueron presionados –e incluso seducidos– por un cura y confesor. También escuchamos a un sacerdote anciano alegar que él nunca forzó ni hizo daño a nadie. Las entrevistas y los testimonios de abogados, jueces, policías y padres de familia explican porqué no denunciaron y/o "no se dieron cuenta". El cúmulo de voces y sucesos construye finalmente el tema y mensaje del filme. Un abogado que tiene años denunciando los terribles hechos, lo formula con las palabras: "Hace falta todo un pueblo para criar a un niño, pero también un pueblo entero para abusar de él".

La película ejemplifica esa responsabilidad compartida a través de imágenes que muestran las calles de una ciudad dominada por las torres de iglesias, escalinatas, pasillos y sótanosde edificios públicos, puertas entreabiertas que permiten ver a niños y adultos en interrogatorios y sesiones de terapia,segmentos de diálogoque más que aclarar esconden los sucesos y obstaculizan la investigación. Poco a poco se arma el entramado de complicidades y corrupción que permite que las denuncias no surtan efecto, que se pierdan documentos y testimonios, que los medios no investiguen, que abogados, jueces y autoridades –civiles y eclesiásticas- opaquen la verdad. Cuando el Boston Globe finalmente publica los más de 70 casos de niños abusados por curas, el espectador está consciente de que fueron muchos más y revisa con atención y sorpresa la larga lista de lugares con casos de todo el mundo que se lee sobre una pantalla negra antes de los créditos finales del filme.

Spotlight es un filme sin fisuras, escrito y dirigido según las leyes de efectividad y suspenso del cine estadounidense. Convence por la hechura y la urgencia y autenticidad de su propósito. Sin embargo, tengo que admitir, que no me conmovió –ni tampoco informó– como lo hizo el documental mexicano Agnus Dei: Cordero de Dios de Alejandra Sánchez (2011) que no sólo denuncia sino muestra cómo un joven afronta la condición de víctima al enfrentar no sólo el problema sino también al abusador.

annemariemeier@hotmail.com