La pantalla del siglo

Secretos y deseos en "Una nueva amiga"

El anuncio de una nueva película de François Ozon nos llena de curiosidad y hace correr al cine para constatar si el realizador francés de nuevo logra sorprendernos con una historia original y divertida, personajes entrañables – en especial los femeninos -, relaciones humanas ambiguas (y contradictorias), imágenes de gran valor estético y un ritmo y suspenso elegante y fluido. Con Una nueva amiga (Une nouvelle amie) (2014), Ozon no sólo atrapa y sorprende sino que nos lleva a terrenos insospechadamente ambiguos. Narra y juega con elementos del melodrama clásico y lleva a sus protagonistas – y al espectador – a terrenos inquietantes llenos de incertidumbre acerca de la identidad, los roles sexuales y de género.

Los primeros diez minutos del filme reúnen dos breves relatos acerca de destinos femeninos: En un montaje de planos muy breves observamos cómo unas manos pintan los labios, maquillan los ojos, acomodan las medias y un vestido blanco sobre el cuerpo de una mujer. La escena termina con una imagen impactante: Los dedos cierran los ojos de una difunta y el espectador cae en cuenta que lo que había interpretado como un acto relacionado con el arreglo de una mujer fue en realidad el arreglo de una muerta. El segundo relato empieza con el funeral en una iglesia. Durante la misa una joven mujer narra a los asistentes que la difunta fue su mejor amiga y que le prometió cuidar a su bebé y esposo. En un flash back de pocos minutos vemos cómo las niñas se conocieron, fueron creciendo y se hicieron inseparables hasta sellar un pacto de sangre y seguir unidas aún después de casarse.

He descrito los primeros minutos del filme porque me resisto a formular una sinopsis que podría quitarle parte del suspenso a un lector y potencial espectador de Una nueva amiga. Basta con agregar que las secuencias iniciales son centrales para la visión de todo el filme puesto que introducen a los dos personajes principales y anuncian los complejos conflictos y dilemas en los que los pondrá el desarrollo de la trama. David (Roman Duris), el viudo de la difunta, y Claire (Anaïs Demoustier), la amiga entrañable, se hunden en un profundo luto por la admirada esposa y amiga y se sienten responsables por la suerte de la pequeña niña. El proceso de duelo se complica por la necesidad de David de encontrar y asumir su lado femenino, realizarse como madre y padre de la bebé y buscar la amistad y el amor de Claire. La transformación de David en un personaje femenino choca con las convenciones de Claire, quien pasa del rechazo a la aceptación y apoya a David en la construcción se su identidad femenina. Así nace Virginia - la amiga virginal – quien se convierte en sustituta de la difunta amiga y despierta en Claire emociones y deseos cargados de pasión y culpa.

Con Una nueva amiga Ozon sigue descubriendo y rindiendo homenaje al misterio de la femineidad que caracteriza un buen número de sus filmes. Se arriesga a una búsqueda que trasciende los casilleros con los que se suelen designar las preferencias sexuales. El terreno en el que se encuentran David y Claire no es el amor lésbico ni bisexual sino la ambigüedad del deseo mismo. Claire se enamora de David no como es sino como él quisiera ser. Al mismo tiempo ama en él a su amiga muerta cuya belleza luminosa contrastaba con su propia belleza andrógina. A través de las transformaciones que sufren los personajes Ozon parece demostrar que la sexualidad y el deseo no son categorías fijas sino energías fluctuantes. Las últimas escenas del filme no sólo muestran condiciones y roles de género invertidos e innovados, sino también una posible salida de la jaula de las convenciones de género como construcción social: La imagen de una familia alterna feliz y realizada. ¿Una utopía? Desde luego, pero también el final feliz de un cuento de hadas.

Las herramientas con las que Ozon arma el filme son las del melodrama clásico con elementos como la muerte, la pasión, la traición y la necrofilia. (Recordemos que Douglas Sirk hablaba de la Magnificient Obsession). También utiliza elementos que remiten a Otto Preminger en Laura (1944) - ¿será coincidencia que la difunta de Una nueva amiga se llame Laura? - y a Alfred Hitchcock en Vértigo (1958). En los dos filmes la trama gira alrededor de la imagen que el protagonista se construye de un personaje desaparecido y admirado: Como proyección y ficción creada por la imaginación. Al abordar ese tema, Ozon tematiza, sin duda, el trabajo de un narrador de historias como las que nos han atrapado - e inquietado - desde hace muchos años. ¿Ejemplos? Bajo la arena (2000), 8 mujeres (2002), Swimming Pool (2003), 5x2 (2004), Angel (2007), Entre los muros (2012) y Joven y bella (2013).