La pantalla del siglo

Oh Boy. Berlín y sus personajes

Cómo se puede disfrutar una película en blanco y negro! No sólo porque nos remite a los orígenes del cine sino porque respira autenticidad, muestra con las tonalidades del blanco y negro dos polos opuestos y la gama de grises que los relaciona; los rostros y objetos tienen texturas y la luz adquiere un significado especial. La ciudad de Berlín con edificios, muros, puentes, calles y rieles en distintos variaciones de gris y una luz tenue aún en días asoleados, parecería predestinada para un filme en blanco y negro. Sobre todo para los amantes del cine alemán de la época silente que tienen como referencia la película Metrópolis de Fritz Lang (1927), quien, por cierto, se inspiró en la impresión que le causó Manhattan para mostrar el mecanismo monstruoso (Moloch) que mantiene en movimiento a una ciudad como Berlín o Nueva York. Otro filme que muestra un Berlín en blanco y negro es Schwarzfahrer (Pasajero negro) de Pepe Danquart (1993) que narra un encuentro marcado por la xenofobia entre una pasajera de edad madura y un joven de color en un tranvía de Berlín. Después de ver Oh Boy, opera prima realizada por Jan Ole Gerster en 2012, estoy convencida que el retrato de Berlín y el ramillete de personajes ligados a esta ciudad, renovará nuestra convicción de que el melancólico blanco y negro es adecuado para retratar la capital de Alemania. En Oh Boy la ciudad de Berlín muestra y respira autenticidad gracias a un relato - y retrato- en blanco y negro. 

Aunque podemos ver a Berlín como personaje de Oh Boy, el  filme sí cuenta con un protagonista que nos sirve de guía para vagar por las calles y bares, acercarnos a cafeterías, bancos e incluso a un campo de golf. Sin embargo, el joven Niko (Tom Schilling) al que se refiere el título Oh Boy(una expresión como ¡Ay cuate!) no es un guía muy atento ya que está inmerso en sus propios problemas: Su padre se niega a seguir apoyándolo con mil Euros al mes, el joven pierde la licencia de manejo y las exigencias diarias de sus amigas lo aburren. Además de que se le dificulta conseguir un buen café. A sus casi treinta años Niko siente la presión de su entorno por ser “normal” y actuar como los demás: Dejar de soñar, cortarse el cabello y ponerse a trabajar. Niko huye de los compromisos y las convenciones impuestas. Por un lado por ser un joven algo mimado y por el otro porque parece reconocer la trampa detrás de los rituales de convivencia y comunicación. El cinismo amable del psicólogo que le quita la licencia por “inestabilidad emocional”, la presión de la amiga que le quiere imponer el disfrute común del café matutino, la moda de tomar café en x modalidades alejadas de la buena taza de café “normal”, provocan su rechazo a la actividad y su decisión por refugiarse en el mutismo. El “quisiera estar solo”, con el que Niko corta la plática con una ex compañera, es característico para el joven solitario, señalado como inestable y fracasado en una sociedad de competencia, quien sigue viviendo entre cajas aunque tiene meses en su nueva morada.

Los berlineses tienen fama de ser ocurrentes y burlones en su forma de hablar. El humor con el que el filme contagia al espectador está muy ligado a los tipos de personajes y su comunicación verbal. Cuando el padre le reprocha a Niko el haber abandonado sus estudios de derecho y le pregunta qué hizo en los dos años que no fue a la universidad, el joven le contesta que se la pasó pensando. “¿Sobre qué? le pregunta el padre. El joven contesta: “Sobe mi mismo… y sobre ti”. También divierte un viejo borracho en una cantina que se dirige a Niko con: “Así que tú eres un lobo solitario”. La ciudad de Berlín tampoco se salva de la burla. ”Habría que tomarla y echarla por el excusado”, comenta un personaje al que Niko contesta con un lacónico “Taxi driver”.

Oh Boyes un filme melancólico e incluso poético. Para los que conocen la ciudad de Berlín la experiencia fílmica se convierte en el re encuentro con un viejo y querido amigo mientras que los espectadores novatos se sorprenderán quizás del retrato de un importante jugador en el “juego” de poder de la Unión Europea. A través de su memorables personajes, Oh Boymuestra el rostro humano de la ciudad, las tribulaciones de los “anarquistas” silenciosos y “perdedores” de la competencia. ¿Característico para un joven como Niko? Desde luego, pero también para personajes como los de Fassbinder en BerlinAlexanderplatz (1980) (adaptado de la novela de Alfred Döblin) y la pelirroja Lola en Lola rennt(Corre, Lola corre) de Tom Tykwer (1998).


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