La pantalla del siglo

"Ninfomanía 2" : Tocando fondo

Lástima que la exhibición de las dos partes de Nymphomaniac de Lars von Trier no coincidieran en espacio y fecha. Hubiera sido maravilloso poder verlas juntas puesto que el filme así fue concebido por el realizador danés. Por razones comerciales la película de más de cinco horas de duración fue cortada y dividida en dos partes. Probablemente nunca veremos la versión “del autor”, el directors cut, en una sala de cine y tendremos que contentarnos con bajarla de una página de internet y verla en nuestro monitor o pantalla individual.

La segunda parte que cubre los capítulos 6. 7 y 8, retoma la historia exactamente dónde terminó la primera. Joe, en pijama y con el rostro lleno de hematomas, sigue narrando la historia de su vida a Seligman, quien la escucha, le prepara té, cura sus heridas y acompaña la narración de la mujer con sus comentarios inteligentes y cultos. Mientras que Joe avanza en la historia de su vida, las anécdotas sexuales y los argumentos de que es una mujer mala, Seligman adorna su relato con referencias y citas del campo del arte, la religión, la filosofía y la música. Sin embargo, Seligman no es el único que es atrapado e ilustra el relato de Joe, la dirección de Lars con Trier, la fotografía de Manuel Alberto Claro y la banda sonora contribuyen a la construcción de un fresco de la cultura centroeuropea que enaltece la belleza y el amor al mismo tiempo que reproduce los roles sexuales y sociales, ejerce violencia y poder, imposibilita la comunicación y crea soledad.  

Lars von Trier no pertenece entre los directores que calculan el éxito de taquilla de sus filmes. Como autor exigente comparte con los espectadores cómo ve e interpreta al mundo y qué le preocupa del ser humano y la sociedad en la que vive. Provoca -  eso sí y de manera intencional - al espectador no tanto por el tema y los personajes sino por la radicalidad con la que rompe tabúes. Su tema central es el choque entre la naturaleza/pulsión contra la cultura/razón. Su crítica se dirige por lo general a la cultura occidental que reprime el placer: Los ideales y valores enaltecidos por el arte y las iglesias centroeuropeas, también sirven para reprimir el placer, en especial el placer femenino.  “Entre cien crímenes que se cometen en nombre del amor, sólo uno se comete en nombre del placer”, opina Joe en un momento de la conversación.

Aunque después de Anticristo un buen número de reseñadores catalogaron al director como misógino, no hay duda que Von Trier le apuesta a la fortaleza y complejidad de las mujeres, quienes llevan el hilo narrativo y la carga temática y dramática en la mayoría de sus filmes. Aunque cargadas de culpa – una especie de pecado original por su condición femenina – son los personajes femeninos los que definen los conflictos y deciden sobre su destino. En Rompiendo las olas (1996), Bailando en la oscuridad ( 2001), Dogville (2003), Anticristo  (2009), Melancolía (2011) y Ninfomanía (2013) asumen y tratan de eximir su pecado - y culpa -, muestran fortaleza e integridad. En Rompiendo las olas y Bailando en la oscuridad las protagonistas se sacrifican por un ser querido, en Dogville la joven desamparada se pone al servicio de la comunidad en la que se refugió, en Anticristo la mujer no logra superar  la culpa por la muerte de su hijo y en Ninfomanía la mujer de edad madura purga la culpa por ser adicta al sexo y haber abandonado a su hijo por el placer.

Ninfomanía 2 muestra cómo Joe toca fondo y se recupera poco a poco a través de la narración y la relación con un escucha. El filme, sin embargo, no termina con una liberación (aunque escuchemos un disparo).

La lengua, los lenguajes y el humor juegan un papel importante en escenas como la que muestra cómo Joe, desesperada por ya no “sentir nada”, se cita con dos fortachones de color que le servirían de terapia. Sin embargo, los dos hombres se la pasan conversando entre sí en un idioma que Joe no entiende, lo que inhibe cualquier contacto físico. En este tipo de escenas que aligeran el relato cargado de dolor, Von Trier muestra un humor - bastante grotesco -  que atraviesa los ocho capítulos del filme.

¿Obsceno, pornográfico, nihilista? como algunos reseñadores catalogaron el filme? Estoy de acuerdo que las imágenes pueden incomodar. Pero son parte de la provocación a la que Lars von Trier somete al espectador para mostrarle que los eternos tabúes siguen vigentes y se reproducen en la mayoría de los filmes.

 

annemariemeier@hotmail.com