La pantalla del siglo

"Mommy"

A sus 25 años el francocanadiense Xavier Dolan ha realizado cinco películas innovadoras y exitosas. Sin embargo, no es sólo la energía y frescura de un joven la que sorprendió primero a los asistentes a festivales y después a los espectadores de las salas de cine.Lo que caracteriza sus películas quizás no sean los temas sino la originalidad de los personajes, la irreverencia del tratamiento narrativo y la búsqueda estética. Además de la inteligencia con la que “empaca” su crítica de la sociedad canadiense en historias universales que muestran cómo la aplicación de normas y leyes estrechas crean marginación y tragedias personales. Dolan llega a las grandes ligas del cine mundial con sus producciones independientes y su interés en intervenir en aspectos creativos y técnicos de sus filmes. El realizadorversátil no solo escribe y dirige sus historias, también actúa en papeles protagónicos y aparece en los créditos finales en rubros como edición, sonido, música y dirección artística. Al ver actuar al joven director en papeles protagónicos de Yo maté a mi madre(2009), Amores imaginarios(2010)y Tom en el granero (2013), el espectador tiene la impresión de conocerlo en persona. Sólo en Laurence Anyway(2010) y Mommy(2014), Dolan no aparece en pantalla.

Su más reciente filme Mommy gira alrededor de tres personajes que comparten su cotidianidad y marginación con el afán de salir adelante a pesar de no ser parte de los “suertudos” del destino: Diane “Die” (Anne Dorval), una madre soltera desempleada, su hijo adolescente Steven (Antoine-Olivier Pilon)con un severo problema de conducta y Kyla (Suzanne Clément), una vecina que no puede ejercer su profesión de maestra porque tartamudea. El filme empieza con una escena en la que Die lucha por que su hijo pueda permaneceren un internado del que lo quieren expulsar por haber provocado un incendio. Observamos cómo Die con su melena pintada, su escote y uñas decoradas, defiendedesesperadamente a su hijo y su necesidad de una educación bajo cuidado psicológico. Sin embargo, sólo quedan dos soluciones: Puede llevarse a Steven a la casa o, según una ley canadiense, pedir que el estado lo encierre en una correccional. (Interesante que la situación básica se parezca a la del filme cubano La conducta de Ernesto Daranas, en la que es la maestra del adolescente violento la que defiende su derecho por una educación en libertad).

El espectador vive - y sufre –la experiencia de Mommy como una montaña rusa emocional. Siente inmensa empatía con los personajes, se solidariza con su amor, ternura, sufrimiento y lucha por momentos felices y libres de presión (y represión). Pero también se inquieta y sufre por los brotes de violencia física y emocional y la impotencia para frenarla y estructurar una vida con crecimiento, éxito y paz. El filme tiene escenas y momentos histéricos casi insoportables que, por suerte, dan paso a secuencias divertidas llenas de comprensión y ternura; juega con elementos melodramáticos, sin caer en el melodrama familiar. El “destino” de los personajes está más bien marcado por una fuerte carga trágica y lo que prevalece es la observación del dolor de ser madre, el gocey sufrimiento de ser hijo y la lucha desesperada por la libertad.   

En una entrevista con Hannah Pilarczyk para la revista Spiegel online (Noviembre 2014) Xavier Dolan confiesa que realizó el filme como especie de reconciliación con su madre – y todas las madres - a las que parece haber castigado con su filme Yo maté a mi madre. También comenta que Mommy no tiene nada que ver con su vida personal. Simplemente quiso mostrar personajes que, a pesar de no estar favorecidos por el éxito, son ganadores porque luchan como leones por el amor. “No quise hacer un porno de miseria”, comenta. La vida es dura con los personajes. Pero luchan … y se divierten. Cantan, son vulgares pero también son listos y sensibles. Los admiro”.

En cuanto al inusual formato de la imagen cuadrada que sorprende al espectador, Dolan comenta que lo decidió “para poder concentrarse en los personajes y olvidarse de los detalles y accesorios. Si le hubiera dejado mucho espacio a la escenografía hubiera corrido el peligro de ridiculizar a los personajes, dice el director. Si la imagen se fija en vestuarios chistosos en lugar de centrarse a su vida interior, el filme le apuesta a una estética de perdedores. No quiero mostrar perdedores sino ganadores.” Al salir del cine con el corazón pesado el espectador recuerda películas como Los 400 golpes de Truffaut y Naranja mecánica de Kubrick y se pregunta cuál será la próxima montaña rusa emocional que Dolan estará preparando.

 

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