La pantalla del siglo

Maria Altmann contra la República de Austria

La película La dama de oro (Women in Gold) de Simon Curtis llegó a la cartelera de Guadalajara “para quedarse”. No será uno de los Blockbuster del verano pero sigue en cartelera y se convirtió en tema de conversación. Desgraciadamente no conozco el documental británico de 2006 Stealing Klimt (Robando a Klimt) de Jane Chabiani con guión de Martin Smith, en el que  se recogen datos y opiniones de testigos y expertos de la épocaacerca de las cinco pinturas de Gustave Klimt cuya restitución reclamó una judía californiana de nombre María Altmann. Como sobrina de AdeleBloch-Bauer cuyo retrato Klimt terminó de pintar en 1907, la estadounidense de origen austriaco se enteró queAustria creó una ley de restitución de los bienes robados por los nazis durante la ocupación de Austria.El pintor Klimt, quien era amigo de la pareja judía checo-austriaca Bloch-Bauer, tituló su pintura como “Retrato de AdeleBloch-Bauer” a su pintura que, para no mencionar el apellido judío, fue bautizado más adelante como La dama de oro.

Los hechos históricos y los sucesos alrededor de la pintura y las familias involucradas son trascendentes y despiertanlos puntos de vista más variados, desde el jurídico, histórico, cultural, geopolítico, racial y humano.Sin embargo, me parece que buscar veracidad en un filme de ficción no lleva a nada. Lo importante es la verosimilitud y la congruencia de lonarrado con la visión del autor con la que como espectadores, podemos  estar de acuerdo o no.

Para el guión de la película firman AlexiKayeCampell, Randon Schoenberg y María Altmann (a través de sus memorias). Randon/Randy Schoenberg – quien es el nieto del compositor Arnold Schönberg – acompañó como abogado a María Altmann en su lucha por recuperar la propiedad de su familia. Alexi Kaye Campell y el directorSimon Curtis, por su lado, recrearon los sucesos reales en una película que atrapa al público con una fuerte dosis de empatía con los protagonistas, suspenso, acción y una carga melodramática apoyada por la música.

Como sobrina preferida de la tía retratada, quien murió cuando la niña tenía 9 años, María Altmann (Helen Mirren) lucha porque se haga justicia. Puesto que tuvo que huir de Austria como joven, le guarda un profundo rencor. El hecho de apoyarse en el joven abogado RandolfSchoenberg (Ryan Reynolds) es importante puesto que el nieto del compositor Arnold Schönberg, también judío y austriaco, pesa en la opinión pública, política y cultural de Austria.

Con detalle el filme desarrolla el personaje de María Altmannquien revive el pasado en varias escenas del filme apoyadas por material de archivo de la ocupación de Viena y recuerdos del pasado de María. Las transiciones entre el material de archivo y las escenas recreadas son acertadas. Las escenas de época y el trabajo visual alrededor de la pintura dorada de Klimt son de una belleza exquisita. Lo que más disfruta el público son, sin embargo, la inteligencia y capacidad de palabra de María, los duelos de diálogo entre María y Randy y los discursos de los dos frente a un congreso de restitución y las autoridades judiciales en Estados Unidos y Viena. La caracterización de María por Helen Mirren es admirable y el público de la sala de cine simpatizacon la heroína del filme y aplaude su lucha “contra la República de Austria”.

Desde luego que tenemos que apoyar la causa de recuperar lo que los nazis robaron como botín de guerra. Sin embargo, el dilema de defender la propiedad privada frente al patrimonio cultural de una nación no se acaba con que sintamos empatía con la demandante y que se pinten a las autoridades austriacas como “las malas de la película”. El director del museo del Castillo Belvedere en Viena no tiene que ser forzosamente un hombre malo y autoritario por defender la permanencia de las pinturas en su recinto visitado cada año por miles de interesados en el arte. Es más, la realidad le dio la razón. María Altmann ganó en varias instancias judiciales pero murió antes de que las pinturas llegaran a Estados Unidos y fueran vendidas a particulares. Hoy podemos admirar El retrato de AdeleBloch- Bauer en la Neue Galerie de Nueva York. De acuerdo, a nosotros nos queda más cerca que Viena. Pero también nos preguntamos porqué la obra de Klimtno es Patrimonio Cultural de Austria. El penacho de Moctezuma en cambio, sí es Patrimonio de México a pesar de seguir en Viena a causa de su fragilidad por ser trasladado.