La pantalla del siglo

"Marguerite": Cantar para no gritar

En una elegante mansión de los alrededores de París se reúne un grupo de personas de clase alta para escuchar un recital de música de ópera. Son los años veinte del siglo pasado y los asistentes elegantemente vestidos pertenecen a una asociación que organiza recitales para apoyar a los huérfanos de guerra. La anfitriona es la baronesa Dupont quien ha convocado a una orquesta ,a cantantes experimentados y talentos jóvenes como Hazel, una joven cantante que participa por primera vez en un recital de Madame Dupont (quien tiene la fama de pagar bien a los músicos).Marguerite Dupont (Cathérine Frot) se prepara para entrar en escena con un elegante atuendo y una pluma de pavo real en el cabello. El espectador se pregunta, sin embargo, porqué en la mansión el ambiente está tenso y porqué el Barón y esposo de Marguerite finge una descompostura  de su convertible para llegar tarde al concierto. Pronto se sabrá la causa puesto que la manera cómo Marguerite Dupont interpreta el aria de coloratura de la Reina de la Noche de la Flauta Mágica de Mozart agrede cualquier tímpano. Sorprende que sus chillidos se festejen por un gran aplauso al final del recital.

En los primeros minutos del filme el publico de la sala de cine se muestra incómodo por verse sometido a tal agresión sonora. La manera de Marguerite de presentar una versión chillona y desafinada de las arias más conocidas, es un acto de irreverencia frente a la música clásica y la educación musical del espectador. La utilización del recurso, sin embargo, corresponde a la construcción y desarrollo de la protagonista. Nunca sabremos si Marguerite simplemente “no tiene oído” o si está tan obsesionada con su fantasía que perdió toda relación con la realidad. La mujer tiene todo para vivir en paz; sin embargo carece de lo que más anhela: El amor de su esposo y el don de voz de una cantante de ópera.

La leyenda “Basada en hechos reales” después de los créditos iniciales alude al caso de la cantante de ópera estadounidense Florence Foster Jenkins cuya voz desafinada fue grabada en los años cuarenta y sigue sorprendiendo a los visitantes de YouTube. El realizador francés Xavier Giannoli no fue el único que se interesó en el caso de la cantante. También el director británico Stephen Frears se inspiró en Florence Foster Jenkins para realizar un filme con Meryl Streep que  llegará a las salas el año próximo.

La coproducción franco belga Marguerite está estructurada en capítulos como si fuera la crónica de una vida o carrera. Los cinco capítulos siguen a Marguerite en su fantasía y obsesión por llegar a ser una gran diva. Apoyada en su obsesión por el mayordomo, utilizada por un periodista, un poeta y un maestro de canto oportunista su fama crece. Sin embargo, no logra ganar la admiración de la única persona que le importa, su esposo quien después de años de sufrir con su canto no se atreve decirle la verdad. Por cierto, “La verdad” es justamente el título del último capítulo de la película en la que mediante una máquina registradora de sonido Marguerite escucha por primera vez su propia voz.

La época de la posguerra acentúa el ambiente social tenso y cargado de problemas. La vida nocturna desenfrenada, los recitales dadaístas y los espectáculos anarquistas muestran no sólo los problemas sociales sino el vacío de una generación que llena su soledad con un libertinaje desesperado y los sueños de opio. La serie de personajes extravagantes que rodean a Marguerite y festejan sus irreverencias musicales representa una paleta de figuras grotescas que incluyen a una adivina con barba, un poeta maldito, un periodista adicto al opio y un actor travesti. Son personajes extravagantes pero despiertan cierta empatía puesto que sufren de soledad al igual que Marguerite quien los trata con cariño y generosidad. Los monstruos están del otro lado. Son los burgueses oportunistas que la rodean y disfrutan del espectáculo mientras consiguen lo que quieren: Su dinero. El pavo real cuyo canto de “trompetita” se escucha durante toda la película, es significativo para el ambiente. Marguerite lo adora y se adorna con sus plumas, al mismo tiempo que pronuncia el chiste “el dinero no tiene importancia, lo que sí es importante es tenerlo”. La historia de Marguerite sucede durante la época en la que se cocinó el caldo de cultivo del fascismo. Tener dinero, un título nobiliario,  vivir en la opulencia y – de paso apoyar a los pobres huérfanos de guerra - son objetivos que la tragicomedia Marguerite tematiza. Al igual que se pregunta: ¿Cuántas máscaras necesita el humano? ¿Cuántas mentiras se pueden aguantar? ¿Cuánta crueldad? ¿Cuánta soledad? Al salir del cine nos preguntamos si la época desafinada que vivió Marguerite no se parece a la nuestra en la que a veces cantamos para no gritar.