La pantalla del siglo

¡Mad Max sobrevivió!

Me imaginaba que el día del estreno de Mad Max: Furia en la carretera de George Miller miles de fans iban a abarrotar los cines. Pero no, la sala estaba casi vacía y aparte de varias parejas de edad, solo un pequeño grupo de jóvenes esperaba la nueva aventura distópica del ex policía australiano que se convirtió en vengador de carretera después de que una pandilla de motociclistas mató a su mujer e hijo en el filme de 1979. Para un personaje de cine - y una película de culto - treinta y seis años son muchos y aunque en el camino surgieron Mad Max 2, el guerrero de la carretera(1981) y Mad Max más allá de la cúpula del terreno (1985), la popularidad de la franquicia disminuyó enormemente. Por cierto, en 1998, a once años de la divertida película Las brujas de Eastwick (1987) y el mismo año del éxito del puerquito Babe: el puerquito en la ciudad (1998), George Miller anunció que planeaba un nuevo episodio de Mad Max. Sin embargo, el proyecto no se realizó y el director siguió su carrera con los filmes de animación Happy feet (2006 y 2011) hasta retomar el personaje y los temas de Mad Max ya no con Mel Gibson sino con el actor Tom Hardy.

Mad Max: Furia en el camino muestra al protagonista como una especie de “muerto viviente”, un solitario sobreviviente del mundo post apocalíptico que vaga por el desierto en busca de animales rastreadores como comida y agua para beber. Cuando cae en manos de una tribu de guerreros y esclavos dominados por el dictador Inmortan quien controla los recursos naturales - el agua, la lecha materna y la sangre -, su único objetivo es seguir sobreviviendo. Lo logra puesto que su destino se cruza con el de Furiosa (Charlize Theron), una guerrera manca encargada de abastecer la fortaleza de la gasolina necesaria para los extravagantes vehículos de transporte y guerra contra las demás tribus que habitan el desierto. La huida de Furiosa y un grupo de mujeres en busca de su tierra natal de color verde, la reúnen con Max en una lucha por la sobrevivencia y la liberación del tirano, su ejército de guerreros, su harem de vírgenes y  procreadoras, “fábrica” de leche materna y dominio sobre el agua. A Furiosa la mueve la esperanza de reencontrarse con su hogar, la tierra prometida, un futuro “verde” y sin tiranía; a Max lo impulsan los fantasmas del pasado y el seguir vivo aún sin saber para qué.

Como road movie de acción post apocalíptica Mad Max: Fury Road mantiene al espectador sin aliento y al borde de la butaca. La desesperada huida en destartalados vehículos a través de parajes desérticos y tormentas de arena y los enfrentamientos con ejércitos de guerreros armados hasta los dientes siguen durante todo el filme. Muy pocas escenas permiten la identificación con los personajes o el reconocimiento de la amplitud de la tragedia humana y la muerte de toda civilización. En medio de las acciones desenfrenadas que no cesan, el espectador reconoce, sin embargo, referencias, citasy homenajes a filmes que George Miller no esconde sino incluso acentúa: El principio del filme remite al ambiente de un Western clásicocon vehículos de motor que sustituyen a los caballos y con “vaqueros” que montan motocicletas y coches reconstruidos de manera extravagante. Tampoco sorprende que la inmensa fortaleza del tirano, adornada con cráneos, recuerde el Moloch de Metrópolis de Fritz Lang (1921) puesto que el filme silente mostraba las capas sociales y el dominio de los recursos naturales, las máquinas y la mano de obra, por una clase  social y un tirano.

¿Sería entonces Mad Max 4 un filme en el que la estética, los efectos visuales y sonoros prevalecen sobre la historia y los personajes? Sin duda. Sin embargo, entre tanta persecución y acción, hay un gran númerode imágenes y escenas que quedarán grabadas en nuestra memoria: Los paisajes, el grupo de bellísimas jóvenes que emerge del escondite del camión destartalado, los cuervos y seres en zancos que aparecen entre el lodo como un cuadro surrealista de Salvador Dalí, las filas de niños blancos que dan movimiento a las inmensas ruedas de la maquinaria tipo Metrópolis, las mujeres que alimentan el banco de leche materna, los ritmos de tambores y guitarra eléctrica que acompaña la guerra entre las tribus. Y, muy especialmente, el grupo de ancianas en motocicleta que preservan la vida en forma de colección de semillas listas para brotar en tierra fértil. Quizás Miller le de seguimiento a estos hilos narrativos en la siguiente entrega que está preparando y ojalá refuerce y profundice en el tema y los personajes femeninos como polo opuesto al mundo dominado por los motores y la guerra de todos contra todos.

 

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