La pantalla del siglo

Ken Loach, mounstros salvan a realizador anticuado

La FIL es la fiesta de la literatura. Para unirme al banquete comparto con mis lectores cinéfilos un pequeño cuento que encontré hace unos días en un diario suizo.  

Se trata del siguiente asunto: Ken Loach no se quiere alinear. El realizador británico se niega a producir sus filmes de manera digital. No puede estar sin rollos de película, latas y celuloide. Ama el viejo sistema análogo porque considera que sirve mejor a sus objetivos. Dice que en una isla de edición tradicional  “se siente mejor el ritmo fluido de un filme”. Puesto que se trata “de una sucesión lineal” se sigue la secuencia con más facilidad”. “Además, todo tiene su calidad artesanal como no se tiene en una computadora”. Por lo menos eso serían los argumentos, con los que él mismo trataría de convencerse, agregó.

Seguramente nadie le criticará al realizador de 77 años su insistencia en un modo de producción conocido. Durante muchos años Loach le ha regalado a los cinéfilos una obra sumamente rica. Se le conoce como el isleño neorrealista y comprometido, como el comediante social, como el viejo maestro de la conciencia social. Se le conoce por filmes como Land and Freedom, Just a Kiss, Carla’s Song o Bread and Roses. También por su drama de guerra The Wind That Shakes the Barley por el que fue distinguido en Cannes 2006 con la Palma de Oro.

Su más reciente película, anunció, sería también su último largometraje de ficción. Se sitúa en el año 1932 y trata de un irlandés que regresa de Nueva York a su tierra en el “viejo mundo” donde pretende abrir un salón de baile. El filme se rodó en agosto en Irlanda y debería estar listo para su exhibición en febrero del año próximo.

Sólo que en la postproducción surgió un pequeño problema: Cuando Loach se sentó en la mesa de edición en el Soho de Londres, hizo un descubrimiento que lo asustó. Empezó a escasear el material de las marcas que necesitaba para sincronizar el sonido con la imagen. Puesto que cada vez menos equipos de producción trabajan con el viejo método, cada vez es más difícil conseguir el material de marcación.

El dinero no le alcanzaba para hacer un pedido de 500 rollos nuevos, opinó Loach. Entonces el realizador mandó un grito de socorro a la comunidad cinematográfica universal. Le faltaba el material para la    marcación, decía. Y agregó que necesitaba urgentemente entre 25 y 30 rollos de 13 milímetros de ancho, el tamaño adecuado para las máquinas Acmade-FilmEdge-Numbering. Sin estos rollos no podría terminar el filme Jimm’s Hall puesto que tenía sólo el material para una semana.

¿Quién lo hubiera creído? Varios compatriotas se compadecieron de Loach y le encontraron algunos rollitos. Sin embargo, el problema se solucionó de manera definitiva cuando Loach recibió un correo de Estados Unidos. Una empresa de producción de San Francisco tenía el honor de ayudar al veterano británico con 19 rollos, la totalidad de material que les quedaba. Puesto que todos ellos, según escribieron, eran fanáticos de Ken Loach.

Loach se llevó una sorpresa puesto que la empresa remitente era Pixar. La vanguardia de la animación y los especialistas de la animación por computadora. Pixar, un brazo del emporio Disney, adquirió fama por Toy Story, Monster Inc. y Finding Nemo. Le mandaron aparte de los rollos, también una tarjeta en la que los monstruos Sulley y Mike revisan con curiosidad viejos rollos de película.

En Londres se emocionaron, también por los saludos. Le había realmente dado mucho gusto enterarse que hasta la gente de Pixar apreciara las viejas tecnologías, dijo Ken Loach. De esta manera fue cómo Sulley y Mike salvaron el filme Jimmy’s Hall. Los monstruos le proporcionaron a Loach un verdadero final feliz.

Peter Nonnenmacher, Londres

Publicado en Tages- Anzeiger de Zürich, Suiza, el 16 de noviembre 2013

Traducción del alemán: Annemarie Meier.  


annemariemeier@hotmail.com