La pantalla del siglo

"Juventud" y vejez a la italiana

El realizador italiano Paolo Sorrentino suele dividir la opinión de los espectadores. Así pasó con La gran belleza cuando recibió el Oscar a mejor película en lengua no inglesa: Mientras que algunos la elogiaban como obra maestra otros la criticaban por discursiva y falta de una historia coherente. Sin embargo, su más reciente filme Youth (Juventud) convence a la mayoría de los espectadores. La coproducción entre Italia, Francia y Suiza se distribuye con el título inglés Youth (Juventud) quizás porque los protagonistas hablan inglés aunque también se escucha español, francés, alemán e incluso un dialecto suizo alemán. Con Juventud Sorrentino nos regaló un filme fuera de serie, subjetivo y universal, cargado de momentos visuales y sonoros de gran belleza, experiencias y reflexiones de vida y un apasionado homenaje a la cultura y las artes. El realizador Sorrentino dedica el filme a Francesco Rosi; sin embargo, el espectador reconoce referencias y homenajes a muchos otros directores europeos.

Youth integra varios temas, hilos narrativos, estilos visuales y sonoros en un relato que el espectador vive como experiencia fílmica fuera de serie. No podemos decir que “narra una historia” sino más bien que construye un complejo entramado – y montaje – de piezas visuales y sonoras que permite una lectura en varios niveles. Entre el seguimiento de los personajes y el desarrollo de los conflictos el filme contiene escenas dialogadas (es decir teatrales), monólogos, sueños, fantasías, musicales, comentarios visuales y sonoros del director y escenas poéticas en las que el filme comparte con el espectador las emociones de ciertos momentos claves de la vida. Puesto que también el ritmo del filme sigue los cambios de tono y percepción del tiempo, el filme se dirige a un espectador despierto y dispuesto a realizar su parte del trabajo: Construir, desde los elementos que le ofrece la pantalla, su propia versión del discurso, la interpretación de los símbolos y la opinión y reflexión acerca de los temas tratados.

El filme aborda los temas e historias desde la tranquilidad que proporciona un lujoso hotel de descanso y spa en los Alpes suizos. Varios hombres – y algunas mujeres - en edad avanzada se dedican a cuidar de su salud, pasear por los senderos, tomar baños de fango, nadar, hacer ejercicio, comer bien, asistir a las sesiones culturales ofrecidos por el hotel y conversar acerca de miles de temas y cosas. Para los protagonistas, dos amigos y consuegros que se acercan a los ochenta años, el tema central de las conversaciones es el proceso de envejecimiento y los cambios físicos, sexuales y emocionales que han  transformado sus vidas. Uno es un exitoso compositor y director de orquesta (interpretado por Michael Kane) que se ha vuelto apático, mientras que el otro (Harvey Keatel) es un guionista y director de cine que prepara el guión de una nueva película que pretende sea su película-legado. Entre el ramillete de personas de edad avanzada que se alojan o visitan el hotel hay un personaje que recuerda el futbolista argentino Maradona, al que una enfermera y un tanque de oxígeno acompañan día y noche y una diva estadounidense (Jane Fonda) que nutría la fantasía erótica de los dos amigos en su época de juventud. Años de convivencia y amistad establecieron los rituales de conversación de los dos hombres que siguen haciendo apuestas, hablando de sus conquistas sexuales, su estado físico, niñez, familia y logros profesionales al mismo tiempo que comparten fantasías incumplidas en cuanto al sexo femenino. Basta con observar sus expresiones en un momento clave del filme cuando la Miss Universo del momento se sumerge en la alberca como diosa y mito erótico. 

También los jóvenes del filme tienen sueños y fantasías, que, sin embargo, son concebidos como proyectos a futuro y no pérdidas que quedaron del pasado. Convertirse en buen actor, ser artista del baile y de los masajes, realizarse como mujer o como alpinista son proyectos que mueven a los jóvenes.

Los sonidos, las palabras y la música no sólo forman parte del lenguaje, la narrativa y estética del filme sino que se tratan como temas. El crujido de un papel celofán, el ritmo y tono de los cinceles de las vacas, los números musicales del programa de entretenimiento pesan tanto como las imágenes. Sorrentino logra integrar todos los elementos en un relato emotivo, potente y lleno de humor.