La pantalla del siglo

Juventud y pasión en La vie d’Adele

Cuando compré el boleto para ver La vida de Adele la amable joven de la taquilla me comentó un poco avergonzada: “Señora, le tengo que decir que la película que escogió tiene alto contenido lésbico y sexual”. “Soy mayor de edad”, contesté y a las dos nos venció la risa. Cuando me pasé a la sala recordé que hace unos años la película francesa Baise-moi (Viólame) de Virginie Despentes encontró problemas de distribución en su país de origen y que muchos franceses atravesaban la frontera para verla en Suiza. No deja de sorprender que tanto en México como en Europa todavía existen temas y películas que provocan rechazo y censura, o, por lo menos, un comentario de alerta de parte de los exhibidores.

¿Qué puede ser tan peligroso para el espectador si La vida de Adele (La vie d’Adèle) narra una sencilla historia de amor pasión? Muchas películas lo hacen y el hecho de que sea una historia de amor entre dos muchachas tampoco es tan novedoso. Además, el filme aborda temas sociales, políticos y culturales y pone énfasis especial en mostrar las condiciones de vida y las preocupaciones de la generación de los jóvenes franceses de hoy, quienes salen a la calle para manifestarse en pro de la autodeterminación y las oportunidades de empleo y en contra de la privatización de la educación, la cultura y los espacios públicos.

Lo que quizás provoca sorpresa y rechazo en algunos es la manera cómo el realizador tunecino francés Abdellatif Kechiche no sólo narra sino muestra lo que observa, percibe, experimenta y siente la protagonista Adéle. El objetivo de la cámara está fijado sobre su rostro que aún muestra la redondez infantil, descansa en sus ojos y su mirada, capta su boca con los dientes de conejita, sus mechones que descubren la expresión de su cara. También en los encuentros amorosos con Emma – los críticos insisten que son tres – la cámara no se despega de los cuerpos. Los planos detalle sólo se abandonan cuando se observa a jóvenes y niños en clase, durante la visita a un museo, una cafetería o un bar.

Los planos cerrados a los rostros empiezan desde la primera escena. El maestro de literatura analiza con los preparatorianos la novela La vida de Marianne de Marivaux. La lectura provoca que los alumnos detecten la perspectiva femenina y las preguntas que formula la protagonista del texto: ¿Cómo me siento como mujer? ¿Por qué en el amor siento que algo me hace falta? Con seriedad la joven Adèle sigue la lectura y el diálogo. Por el consejo de sus compañeras empieza a salir con un chico. Sin embargo, experimenta un flechazo al intercambiar miradas con una joven de pelo azul que pasa a su lado abrazada de una mujer. De ahí en adelante Adèle centra su atención y vida en Emma, la joven del cabello azul quien se convierte en su pareja y guía por el mundo del arte y el erotismo.

La vida de Adele adapta de manera libre la novela gráfica Azul es un color cálido (Bleu est une couleur chaude) de Julie Maroh. La novela de Maroh está dibujada en blanco y negro con detalles azules que retoma el filme. El color azul está en los ojos y cabellos de Emma, en suéteres, vestidos y en una banca de parque dónde Adele llora la pérdida de su amada. El arte y la filosofía son otros referentes del filme. Los desnudos femeninos de Klimt, Schiele y Rodin forman el centro de discusión para la importancia del cuerpo femenino en la historia del arte mientras que los textos de Sartre abonan a cuestionamientos filosóficos y sociales. La novela La vida de Marianne no sólo se cita en el título del filme. La indicación “Capítulo I y II” en los créditos finales hace, sin duda, alusión a los 12 capítulos de la extensa novela escrita por Marivaux en el siglo XVIII.

El filme crea tensión y provoca choques entre las escenas dialogadas, típicas para un filme de tesis, y los encuentros amorosos centrados en la corporeidad y los sentidos. Con esta tensión cercana a un thriller el filme muestra la tensión con la que los jóvenes viven su proceso de maduración al mismo tiempo que se insertan en un entorno social y político bastante hostil. Las clases y las diferencias sociales son evidentes en las escenas de comidas y las ambiciones profesionales – ser artista o “sólo” maestra - mientras que las manifestaciones callejeras crean identidad y solidaridad.

Después de tres horas de cine intenso el espectador está convencido de haber pasado por una experiencia fílmica que no olvidará tan fácilmente. El tema es urgente, el trabajo actoral de Adèle Exarchopolulos como Adèle y Lea Seydoux como Emma  impresionante y la puesta en escena de Abdellatif Kechiche atrevida y magistral.

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