La pantalla del siglo

"Julieta", emociones y sentimientos

Después de su divertida escapada a las alturas y el humor extravagante de Los amantes pasajeros, Almodóvar regresa a la tierra – la tierra española - para narrar un drama intenso centrado en una mujer de nombre Julieta. Madrid, Galicia, trenes y departamentos son los espacios dónde transcurren 30 años de una vida femenina marcada por el amor, la maternidad, los golpes del destino, las ausencias y los sentimientos de culpa. Pero Julieta no es sólo un drama serio y terriblemente triste sino una pieza audiovisual en la que Almodóvar abre su caja de herramientas y le enseña al público de dónde nutre su cine y cómo construye un relato que muestra y demuestra que son las emociones y los sentimientos los que “mueven” nuestras vidas.

Almodóvar tiene fama de marcar la pauta de sus filmes desde los créditos y, puesto que se trata de un drama femenino, no sorprende el profundo rojo con el que empieza Julieta. ¿Una sábana, pliegues de un cortina de teatro que se va a abrir? No, el rojo pertenece a la tela de un largo y holgado vestido/camisón de Julieta (Emma Suárez) quien está empacando una pequeña escultura – un torso masculino de bronce – con material de empaque de burbujas. La mujer se está mudando una vez más puesto que su vida ha sufrido cambios y golpes del destino que provocaron movimientos y procesos de adaptación continuos. Cuando empieza el filme Julieta está afrontando con alegría y esperanza una nueva etapa de su vida. Deja atrás las ilusiones de la joven maestra de mitología griega, de la amante y madre que se dedicaba a su familia, las pérdidas, ausencias,  depresiones, sacrificios y sentimientos de culpa que trastornaron su vida. Sin embargo, una vez más el destino le da un vuelco a sus planes. En la calle se encuentra con una ex amiga de su hija que le revela dónde radica la joven mujer desaparecida años atrás sin dejar rastro . La información lo cambia todo: El pasado y los sentimientos se adueñan de Julieta quien reconstruye, pieza por pieza, la trayectoria de su fracturada vida. La crónica escrita a mano va dirigida a su hija pero los espectadores tenemos la suerte de participar del relato en el aquí y ahora del filme proyectado.  

Las primeras escenas del pasado muestran a Julieta joven, interpretada por Adriana Ugarte, como docente y apasionada de la mitología griega, hija de una madre con demencia senil y un padre despreocupado. En un viaje en tren Julieta sufre un trauma que marca su vida al mismo tiempo que la convierte en amante y madre. El viaje, un ciervo que corre paralelamente a lo largo de la vía y el encuentro amoroso con el padre de su hija son momentos de gran belleza y simbolismo. De aquí en adelante los personajes de Julieta joven y Julieta de edad madura entretejen el destino de una mujer que realiza los roles – y el destino - femenino de hija, amante, compañera y madre, un destino lleno de amor pero también de dolor.

Almodóvar no sólo narra 30 años de vida con maestría sino también construye personajes, imágenes, ambientes y escenas adecuadas para cada estado de ánimo, emoción y sentimiento por los que pasan los personajes. Y ¡qué personajes! Entre el ramillete de mujeres adorables que rodean a Julieta está su madre , la amiga y artista Ava, la sirvienta intrigante (Rosy de la Palma), la hija Antía y su amiga íntima. Los personajes femeninos son, además, multifacéticos y ambiguos mientras que los masculinos son más simples y, al igual que los dioses griegos, hacen lo que quieren, ejercen el poder y la influencia sin dudar de sí mismos. 

El arte y la magia que Almodóvar despliega frente al espectador incluye la composición de planos, la selección de colores, una puesta en cámara y escena verdaderamente ejemplares. La cinefotografía de Jean – Claude Larrière crea efectos de iluminación exquisitos y reflejos en espejos y ventanas que recuerdan el cine de Douglas Sirk y Fassbinder. La música compuesta por Alberto Iglesias crea un ambiente enigmático pero también trasmite las fracturas y el dolor. Literatura y escritura son claves para el filme basado en tres cuentos de la canadiense Alice Munro. Los personajes leen y citan libros, escriben cartas, postales y se refieren a autores como Marguerite Duras y Patricia Highsmith.

La canción Sino te vas cantada por la voz ronca de Chavela Vargas durante los créditos finales, provoca que el espectador abandone la sala profundamente emocionado. Quizás no por la identificación con los personajes y el drama sino por la admiración de cómo Almodóvar logra construir un drama profundo, bello y poético. Un discurso que tematiza el discurso mismo y despierta una emoción que los teóricos del suspenso llaman “emoción artefacto”.

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