La pantalla del siglo

“Jazmín azul” y las tribulaciones de una dama

¡Qué mejor regalo de fin de año que una nueva cita con Woody Allen y sus personajes extravagantes y siempre estimulantes! De regreso a Estados Unidos el realizador deja de lado los homenajes a la cultura europea y se concentra nuevamente en personajes estadounidenses con sus características y conflictos. Con su mirada divertida y crítica observa sus debilidades y construye una trama que los muestra en situaciones a menudo absurdas, que provocan la comprensión, ternura, empatía o rechazo del espectador. Lejos de tratar de armar perfiles psicológicos, Allen “utiliza” a sus personajes para describir y parodiar los rasgos de sectores de la sociedad norteamericana que como director neoyorquino, conoce a fondo. Con Blue Jasmine (Jazmín azul), sin embargo, no se conforma con la descripción sino que provoca choques que confrontan maneras de vivir y pensar entre la clase alta de la metrópoli Nueva York y los barrios obreros de San Francisco. El filme también muestra al Woody Allen maduro y juguetón que experimenta con la estructura  y la integración de un relato con brincos temporales y espaciales. Jazmín azul empieza con la acostumbrada pantalla negra, letras blancas y música de jazz que sirven de fondo para los créditos iniciales. “Aquí estoy de nuevo”, parece decirnos el realizador cuyos filmes nos han acompañado y divertido a lo largo de muchos años. “Soy el de siempre pero en buena forma”, nos advierte antes de empezar a narrar una historia que fluye con elegancia y un ritmo perfecto.            

Las películas de Allen se caracterizan entre otras cosas por la creación de personajes inolvidables. En este sentido Jazmín, en realidad Janet, es una digna “hija” de Woody Allen como guionista y realizador. Sin embargo, Jazmín, como neoyorquina rubia de clase alta, es más extravagante, más extrema, más neurótica y más antipática que la mayoría de los personajes del director. No sólo vive al borde de un ataque nervios – como las chicas Almodóvar – sino que está hundida en una profunda crisis existencial. Con toda razón puesto que su esposo, un genio de las finanzas, resultó ser un estafador quien provocó que lo perdiera todo: riqueza, estatus social y seguridad de sí misma. Y puesto que Jazmín es una construcción creada por ella misma y el dinero de su esposo -  desde su nombre, su manera de hablar, caminar y vestirse -  su mundo se derrumbó y no ve otra solución que refugiarse con su hermana que vive en un barrio obrero de San Francisco. Como hijas adoptivas las dos hermanas son polos totalmente opuestos cuyo encuentro provoca chispas y tensión.   Obvio que Jazmín llega en avión – en primera clase – y con maletas de marca. La mujer tiene clase, y es quizás “la clase” lo único que la mantiene de pie cuando se hunde socialmente. Su estatura y elegancia sobresalen en el ambiente obrero de San Francisco y la convierten en objeto de deseo para los hombres que la rodean.   

El humor con el que se arman las situaciones y desarrollan los diálogos, la fina parodia con la que los actores Cate Blanchett (Jazmín), Sally Hawkins (su hermana Ginger) y Bobby Cannavale (novio de Ginger) interpretan los personajes y libran choques de actuación, provocan la empatía e identificación del espectador. Jazmín tiene que caer mal, su hermana y novio tampoco gozan de nuestra simpatía; sin embargo, todos pasan por situaciones tan difíciles y absurdas que los seguimos con suspenso y profunda emoción.

Allen experimenta con una estructura que hila de manera fluida y elegante la narración en el presente con escenas del pasado sin recurrir a los convencionales flash back. De esta manera prepara al espectador para un desenlace que no pretende ser el fin de una historia, sino una especie de pausa, o “tiempo fuera”, después del cual la vida seguirá como lo haría en la realidad. Desde luego que como espectadores quisiéramos saber cómo sigue la vida de Jazmín. Por suerte Allen no filma secuelas, así que nos dejará para siempre con la duda.

A primera vista el filme fluye con extrema ligereza, sobriedad visual y sonora. Al salir del cine, sin embargo, nos damos cuenta que detrás de la historia del ocaso de la nerviosa y hablantina Jazmín, Allen armó una crítica de la avaricia causada por el capitalismo voraz que destruye a los seres que ha creado, los traga y escupe como trapos inservibles. No hay duda, Woody Allen está de regreso en su país y ambiente y nos quiere compartir su mirada burlona y crítica acerca de lo que observa a su alrededor.