La pantalla del siglo

"Jauja": Odisea en el fin del mundo

La película empieza con un prólogo en letras rojas sobre un fondo negro: “Los antiguos decían que Jauja era la tierra mitológica de abundancia y felicidad. Muchas expediciones buscaron el lugar para corroborarlo. Con el tiempo, la leyenda creció de manera desproporcionada. Sin duda la gente exageraba, como siempre. Lo único que se sabe con certeza es que todos los que intentaron encontrar ese paraíso terrenal se perdieron en el camino”. Después del prólogo observamos un paisaje frente al mar. Sobre unas piedras en medio de hierbas están sentadas dos personas. A la izquierda y volteada hacia el espectador, una jovencita rubia en un vestido azul claro con un cuaderno sobre las rodillas. A su derecha y dando la espalda al espectador, un hombre mayor con sombrero y frac. “Padre e hija”, suponemos, al mismo tiempo que deducimos de la ropa que estamos a finales del siglo diecinueve. El diálogo de los personajes versa sobre un perro que la jovencita le pidió al padre. “Qué tipo de perro quisieras tener?” pregunta el hombre. “Uno que me siga a todos lados”, contesta la hija y descansa su cabeza sobre el hombre del padre quien le agradece el gesto con una caricia en la mejilla.

La primera escena sugiere un idílico drama de época centrado en la relación de un padre con su hija adolescente. El título Jauja, sin embargo, se revela como ironía desde las escenas siguientes que muestran la tierra árida de la pampa argentina, poblada por focas, lobos marinos, perros salvajes, un grupo de militares argentinos y un capitán danés de nombre Dinesen: También está su hija Ingeborg de quince años, todo tipo de aventureros y un grupo de obreros que abren zanjas, quizás para urbanizar el desierto que los conquistadores acaban de quitar a los nativos. La constelación de los personajes nos recuerda el film de Werner Herzog Aguirre la ira de Dios. Pero mientras aquél describe a un conquistador español que busca la tierra prometida El dorado en la selva tropical, el capitán danés y su hija se encuentran en el sur de Argentina alrededor de 1880. Ingeborg se separa del padre para seguir a un soldado del que se enamoró. “Me gusta el desierto”, le había dicho a su padre cuando éste le anunció que la mandaría de regreso a Dinamarca. A caballo Dinesen sale en busca de su hija y se interna cada vez más en un mundo mítico con personajes y animales que parecen venir de otros universos y tiempos.

El director argentino Lisandro Alonso colaboró en el guión con el poeta Fabián Casas y el actor Vigo Mortenesen, quien, aparte de interpretar al capitán Dinesen, también compuso la música minimalista para algunas escenas del filme. Junto al cinefotógrafo Timo Salminen, fotógrafo de cabecera de Aki Kaurismäki, crearon una película en todos sentidos fuera de serie. Tono y estilo son diferentes a los anteriores filmes de Alonso La libertad (2001), Los muertos (2004), Fantasma (2006) y Liverpool (2008), aunque se conservan algunas constantes temáticas como la búsqueda de la hija, la presencia de la muerte y, muy especialmente, la      relación entre el ser humano y la naturaleza. También las reflexiones alrededor del tiempo y el oficio de narrador ficcional están presentes en Jauja (2014). Sobre todo en el desenlace en el que el pasado se une con el presente y el viaje exterior se revela como interior.

Jauja es un filme bello y desconcertante no sólo por el formato cuadrado inusual. La emoción por la exquisitez de la estética es tan fuerte que el espectador admira cada cuadro como si fuera una pintura en una exposición. La banda sonora se impone a través de los sonidos ambientales en los que los paisajes, los desiertos y las piedras parecen hablar y cantar. Los ruidos de las focas y los lobos marinos, el viento y la respiración de los perros, los diálogos en danés y los comentarios en el español de argentina son enriquecidos por unos pocos acentos musicales que acompañan el cielo estrellado y los amaneceres. La banda sonora no dramatiza sino que se somete al ritmo lento y contemplativo de los largos planos en los que el tiempo se detiene. El agua con su múltiples formas y funciones, tonos y ruidos, tiene un peso narrativo especial. Al al que los colores: el azul para la juventud e inocencia y el rojo para la masculinidad, la agresividad y la sangre. En Jauja la vida no es un viaje en busca de la tierra prometida o del paraíso terrenal – como lo promete el título -, sino un trotar, correr, caminar y arrastrase en una búsqueda existencial sin fin ni retorno.


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