La pantalla del siglo

Gabriel García Márquez: Cine y literatura en diálogo

El cine y yo somos como un matrimonio mal llevado, no puedo vivir con él ni sin él” es una de las frases célebres del escritor colombiano (citado, entre otros, por Jorge Franco en una artículo de El Tiempo en octubre de 2002). Para los conocedores de la biografía de García Márquez no es ningún secreto que de joven soñaba con trabajar en el cine. En Colombia codirigió el cortometraje La langosta azul producido por el Grupo de Barranquilla, y en Italia se inscribió en la carrera de cine del Centro Experimental de Cinematografía en los estudios Cinecittá de Roma. No le tocó  acercarse a su ídolo Sofía Loren, ni se quedó mucho tiempo en la escuela de cine; sin embargo, pasó por un curso de montaje y edición que marcó su interés por la estructura y progresión dramática de la narrativa cinematográfica.  

La colaboración de García Márquez con el cine mexicano empezó después de su llegada al país en 1961 y a raíz de su relación con  los círculos de artistas, periodistas, escritores, críticos de cine e intelectuales de le época.

En casa del productor yucateco Manuel Barbachano Ponce conoció a Carlos Fuentes y fue Barbachano quien le propuso adaptar el cuento de Juan Rulfo El gallo de oro a guión cinematográfico. La película dirigida por Roberto Gavaldón  se estrenó en 1964 (en 1986 Arturo Ripstein dirigió una nueva versión de El gallo de oro sobre un guión de Paz Alicia Garcíadiego). Junto a Carlos Fuentes, García Márquez también escribió el guión de Tiempo de morir, un western mexicano que narra la historia de una venganza que Arturo Ripstein dirigió en 1966.

El escritor y Emilio García Riera  también desarrollaron el guión de En este pueblo no hay ladrones que Alberto Isaac dirigió en 1965. Visto a distancia el filme es doblemente atractivo. Por un lado porque el drama que se desarrolla en un pueblo mexicano por la desaparición de las bolas de billar, no ha “envejecido” y, por el otro, porque el espectador descubre entre los actores al mismo García Márquez en el papel de un boletero de cine, a Juan Rulfo y Carlos Monsiváis como jugadores de dominó, a José Luis Cuevas como joven en un billar y a Luis Buñuel en el papel de cura.  

Un intenso trabajo de escritura de guión también ligó a Gabriel García Márquez con Jaime Humberto Hermosillo. En talleres y charlas sobre cine Hermosillo nos compartió cómo se reunía con el escritor para convertir una historia en guión de cine a través del diálogo acerca del tema, los personajes, los giros argumentales y la estructura y progresión dramática. En el diálogo creativo - y “narrativo” -  nació por ejemplo, el filme María de mi corazón que narra cómo una joven maga es ingresada por error en un sanatorio para enfermas mentales y se enfrenta con los mecanismos de represión de Instituciones estatales de salud y seguridad. Hermosillo dirigió el filme en 1979 con María Rojo y Héctor Bonilla en los papeles protagónicos. También el guión de El verano de la señora Forbes, dirigida por Hermosillo con la actriz alemana Hanna Schygulla del círculo alrededor de Rainer Werner Fassbinder, es resultado de la colaboración entre el escritor y el realizador mexicano. Tuve la suerte de traducir el guión al alemán para que Hanna Schygulla conociera la historia en su lengua materna y aceptara interpretar a la institutriz alemana en el filme producido en Cuba.

El encargo fue realmente emocionante puesto que me permitió descubrir en el texto el profundo trabajo de los coautores para  desarrollar personajes complejos y ambiguos, conflictos impactantes, giros argumentales sorprendentes, una construcción de suspenso, clímax y desenlace impecables. Reconocí, además, de que la escritura de un guión no significa adaptar o, como dicen, “llevar un texto escrito a la pantalla”, sino desarrollar una historia cinematográfica partiendo de cero.

El método con el que García Márquez desarrollaba historias para cine en colaboración con guionistas y realizadores cinematográficos fue el diálogo. Este hecho lo confirmó también Juan Antonio Brennan, guionista de El año de la peste que Felipe Cazals dirigió en 1979. La pasión – y preocupación - por América Latina, la amistad y el cine impulsó a García Márquez a entregarse a la fundación de una escuela de cine en San Antonio de los Baños, Cuba. La escuela fue, sin duda, uno de los proyectos importantes en la vida de García Márquez quien acompañó a Fernando Birri y los posteriores directores de la escuela  para apoyar y profesionalizar a jóvenes realizadores latinoamericanos. Fue en talleres de San Antonio de los Baños que se desarrollaron corto y largometrajes y series como Me alquilan para soñar (1992).

García Márquez conocía a la perfección lo que podríamos llamar “escritura cinematográfica”. Después de terminar la novela El coronel no tiene quien le escriba comentó: “La novela tiene una estructura completamente cinematográfica y su estilo narrativo es similar al del montaje cinematográfico; la novela se desarrolla con la descripción de los movimientos de los personajes como si los estuviera siguiendo con una cámara”. Por cierto, el sueño del joven García Márquez se cumplió finalmente en su hijo Rodrigo García quien se dedica a la realización cinematográfica y ha dirigido filmes como Almas pasajeras (2008), Madres e hijas (2009) y Albert Nobbs (2011), cortometrajes y series para televisión.

 

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