La pantalla del siglo

"Elysium": Ciencia ficción con clases sociales

Durante mi niñez escuché muchas veces a los adultos quejarse de “los de arriba”. No sabía bien quiénes eran “los de arriba” que decidían elevar impuestos, construir una obra o simplemente gastar el dinero del pueblo en cosas superfluas. El niño Max de la película Elysium, de Neill Blumkamp, es menos ingenuo que lo que yo era a su edad. Él sabe que los que viven en una estación espacial por encima de la tierra son los privilegiados, los ciudadanos de primera clase que construyeron el Elysium para huir de la tierra sobrepoblada, empobrecida y contaminada. Para vivir en un paraíso de lujo, sin pobres, ni enfermedades, ni violencia, ni guerra, había que controlar la población, prohibir la inmigración y combatir cualquier acercamiento “ilegal” mediante un escudo de protección. En la tierra devastada y convertida en una inmenso basurero sólo quedan las industrias contaminantes, una policía conformada por robots y millones de empobrecidos seres humanos que se pelean los pocos empleos, víveres y el agua.

El guionista y director Neill Blumkamp se inspiró en la mitología greco romana y los Campos Elíseos como la “morada de las almas de los héroes y los hombres virtuosos” (en Larousse ilustrado) para imaginar cómo viviría la clase privilegiada si pudiera crear su propio mundo lejos de la tierra conflictiva. Para esta imagen del paraíso artificial recurrió a la ciencia ficción porque por medio de la tecnología del futuro será posible construir un nuevo hogar, un mundo feliz con amplios jardines, cabinas de curación, vehículos y armas que protegen a los ciudadanos de primera de la pobreza y contaminación que se ha adueñado de la tierra explotada.

El huérfano Max es uno de los habitantes de la tierra en ruinas. El niño de ojos azules que domina el inglés y habla español con acento, es el representante de una sociedad multicultural, resultado de la migración y la mezcla de etnias y culturas asentadas en la ciudad de Los Ángeles. La niña latina Frey, es la amiga de niñez de Max y el amor de su vida. La mirada de Max está continuamente dirigida hacia el cielo; el niño sueña con llegar algún día a Elysium. Una monja maternal que atiende el orfanato le habla del destino que define a qué clase pertenece cada ser humano. En lugar de un amuleto con la foto de su madre – una convención cinematográfica – la monja le regala un amuleto con la imagen de la tierra y le dice: “Para que no olvides de dónde eres”.

Ya como adulto y con un pasado de ex ladrón y presidiario, Max labora para una maquiladora de robots dónde se contamina con radiación. En la tierra no existe la tecnología médica para curarlo, de manera que es urgente que llegue a Elysium y pueda utilizar una cápsula de curación. De ahí en adelante las acciones se centran en sus preparativos para llegar de manera ilegal a Elysium.

Los antagonistas de los personajes positivos son la secretaria de defensa de Elysium (Jody Foster), una mujer fría y ambiciosa que odia todo lo que huele a pueblo y democracia. Es rubia, habla inglés y francés y no teme dar la orden de “tirar a matar” en contra de migrantes ilegales. La secretaria tiene dos aliados: Spider, un empresario codicioso cuya mente guarda el mapa del funcionamiento del poder y el mercenario Kruger quien ejecuta los trabajos sucios en la tierra. Con su personificación del malo cínico y su acento sudafricano, Kruger (Sharlto Copley) es un malo tan convincente que el espectador observa con curiosidad sus artefactos y estrategias de trampas y combates mortales. Los policías robots que “mantienen el orden” en la tierra, son, sin duda, guiños de ojo a ciertos personajes detrás de ventanillas de migración u oficinas públicas porque reaccionan a un comentario bromista de Max con la pregunta: “¿Quiere usted hablar con un humano?”.

El guionista y director Neill Blumkamp no esconde su origen sudafricano y sus estudios de animación en Canadá. Su primer largometraje Distrito 9 (2009) muestra a curiosos extraterrestres que desembarcan de una nave espacial en Johannesburgo y viven en guetos. Mientras que Distrito 9 tematiza el racismo y la marginación al estilo del apartheit, Elysium se centra en la brecha que separa a ricos y pobres como resultado de la globalización y la concentración del poder. Las inquietudes sociológicas y políticas que se muestran en la primera parte a través de una estética visual sorprendente, son, desde luego, válidas y loables. Lástima que a partir de la mitad la confrontación se convierte en acción pura y el final se desarrolla como el típico duelo del western y el cine de acción, acompañado por una banda sonora demasiado obvia. Blumkamp nos debe una tercera película dónde se enriquece el planteamiento social con un desarrollo más sutil y complejo.