La pantalla del siglo

Domingo de Oscar y semana de Cuerpos parlantes

La columna de hoy refleja el dilema que experimento en varios momentos del año cuando me pregunto si escribir mi comentario acerca de una tema “taquillero” que está en boca de todos y mejor dedicar el precioso espacio impreso para apoyar un filme o muestra local que no llama la atención de la prensa del espectáculo. Puesto que no me muevo demasiado en las redes sociales tampoco me entero de muchas actividades que se promueven exclusivamente por ese medio tan eficaz. Sin embargo, hoy es un domingo con sabor a Oscar y no puedo más que comentar algunos aspectos del fenómeno que me parecen importantes. Por otro lado también quiero comentar de Nadie es inocente,una muestra documental de realizadoras mexicanas que se exhibe en nuestra ciudad e incluye una retrospectiva dedicada a la creadora visual y audiovisual Sarah Minter.

“Los Oscar de González Iñarritú no son para México”, decía el título de la columna de Carlos Puig en Milenio del viernes pasado. Estoy totalmente de acuerdo puesto que una película tiene el pasaporte del productor que la pagó, y, al igual que Gravity de Cuarón también Birdman de González Iñarritú se realizó con recursos estadounidenses. Es más, si Birdman se llevara el Oscar a “mejor película” serían los productores del filme los que recibirían la estatuilla. ¿Significaría eso que Birdman no tiene nada mexicano y que en México no tendríamos nada que festejar? Por supuesto que no. Porque, aunque “la entrega de los premios Oscar no es lo mismo que una olimpiada” - con lo que estamos de acuerdo -Birdman existe porque la realizaron creadores mexicanos como González Iñarritú y Lubezki quienes ganarían el Oscar a mejor director y cinefotógrafo como mexicanos en el extranjero quienes, al mismo tiempo que compartirnos su cultura y visión del mundo a través de una historia audiovisual, también supieron insertarse en una industria que cuida su identidad anglosajona.

Otra pregunta que se discutió en días pasados giró acerca del porqué la película Cantinflas propuesta por la academia mexicana de cinematografía como candidata a la estadounidense no quedaría nominada. El artículo “Tan lejos de EU” de Rosario Reyes y Eduardo Bautista en la sección Culturas de El Financiero del viernes pasado, da pistas acerca del proceso de nominación de la sección del Oscar a “Mejor película en lengua no inglesa” (definición bastante estúpida si tomamos en cuenta que el “lenguaje del cine” es el lenguaje audiovisual, lenguaje que se suele definir como universal). Sucede que después de ser postulada por un país, una de las condiciones de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas estadounidense es que la película tenga difusión en Estados Unidos. “Lo que realmente ayuda a una película no es la nominación en sí, sino que ésta vaya acompañada del soporte de una distribuidora. Si no, todo se torna muy complicado”, comentó Carlos Carrera a los autores del artículo. Carrera sabe de qué habla puesto que su película El crimen del padre Amaro fue nominada en 2002 pero no ganó, como tampoco había ganado Amores perros de González Iñarritú en el año 2000. No sólo hay que pasar el filtro del país de origen sino convencer a la Academia de EUA con una enorme inversión de dólares.

Para descansar de la ceremonia del Oscar con todo el suspenso y las frivolidades, les sugiero acercarse a los documentales y documentalistas de la Muestra “Nadie es inocente” que se exhibe en Cuerpos parlantes_espaciospensantes, dónde no sólo se disfruta de los filmes sino del diálogo con las realizadoras. Por cierto, el título de la muestra “Nadie es inocente” coincide con el del filme de Sarah Minter de 1987 que no sólo ganó el primer concurso de video en México sino que provocó que la realizadora le diera continuidad a sus personajes en Nadie es inocente, 20 años después de 2010.Aparte de la retrospectiva de cortos y largos de Minter, se exhiben los documentales La pregunta del caracol de Afra Mejía (2011), La guerrera de Paulina del Paso (2011), La hora de la siesta de Carolina Platt ( 2014), Retratos de una búsqueda de Alicia Calderón (2014) y La danza del hipocampo de Gabriela D. Ruvalcaba (2014). No desaproveche una de las oportunidades poco frecuentes de acercarse a los documentales de nuestras realizadoras y conversar con ellas sobre sus filmes e inquietudes sociales y estéticas. La muestra termina el 26 de febrero y el programa lo encuentra en la página de www.cuerpospespacios.wordpress.com

 

 

annemariemeier@hotmail.com