La pantalla del siglo

David Bowie y el cine

Puedo recordar cuando estábamos cerca del muro y los disparos pasaban sobre nuestras cabezas y la vergüenza estaba del otro lado. Oh, los podemos vencer para siempre y entonces podemos ser héroes por un día", canta David Bowie en una estrofa de la canción Héroes que grabó durante su estancia en Berlín de 1976 a 1978. La canción que nació en colaboración con el compositor Brian Eno se convirtió en una especie de himno a la ciudad dividida que, según la prensa de la época, "incendió el muro de Berlín". El recuerdo de aquel "encendido" concierto de Bowie me lleva a su aparición en la película alemana Cristiane F.- Wir Kinder vom Bahnhof Zoo (Cristiane F. Nosotros, los niños de la estación de ferrocarril Bahnhof Zoo) de Ulrich Edel (1981). El filme describe a través de la historia de la adolescente Cristiane, la escena de la droga en el Berlín de los años 70 y en una de las escenas clave David Bowie aparece como cantante en un concierto al que asisten los personajes del filme. Por cierto, el álbum Héroes no sólo evoca la historia de Berlín sino también el arte alemán, especialmente el arte expresionista

que influenció a Bowie en muchos sentidos. La portada del álbum en blanco y negro está, por ejemplo, inspirada en el retrato de un hombre, grabado en madera por Erich Heckel quien perteneció al grupo expresionista Die Brücke (El puente).

La anécdota, la película y la referencia a las artes plásticas que menciono me parecen características para la importancia universal que David Bowie tuvo - y ojalá siga teniendo - en generaciones de jóvenes y adultos. La fascinación por su personaje multifacético, la admiración por la frescura con la que transgredía fronteras, rompía convenciones y tabúes y defendía su autenticidad, creaba complicidad y respeto en sus públicos y en los medios.

En el cine Bowie dejó huellas inolvidables. Si tecleamos su nombre en un buscador de cine aparecen más de 450 créditos para aportaciones a una banda sonora, 160 apariciones personales, 40 títulos de películas en las que actuó y dos créditos como director: The Video Collection (1993) y Best of Bowie (2002).

Una de las bandas sonoras inolvidables es la de la secuencia inicial de Lost Highway de David Lynch (1997). Seguramente la recuerden: Vemos a un hombre detrás del volante de un coche en marcha. Es de noche y la cámara subjetiva se concentra durante minutos en la línea amarilla discontinua de la carretera por la que avanza el coche. No existe nada al lado de la carretera, sólo la línea amarilla que parece habernos atrapado en un loop. La melodía y la letra de I am Deranged (Estoy trastornado) de David Bowie que acompaña el viaje en coche hacen crecer el suspenso, la desorientación y la sensación de inmensa soledad con la que Lynch empieza su inquietante filme.

La maestría y fascinación por la transformación que caracterizó a Bowie es palpable en la mayoría de los personajes que interpretó como actor. Me impresionó su personificación de Andy Warhol en Basquiat de Julian Schnabel (1996) puesto que muestra el parentesco que unía a los dos artistas que no sólo creaban sino vivían el arte, incluso en su propio cuerpo.

También la interpretación de un extraterrestre en The Man Who Fell to Earth (El hombre que vino de las estrellas) de Nicolas Roeg (1976) es impresionante. La fragilidad de su cuerpo, la blancura de su piel, la melena roja y la mirada de angustia de sus ojos transparentes provocan que el espectador no sólo lo acompañe en su marginación y sufrimiento sino que quiera protegerlo del mundo cruel de los humanos. Totalmente opuesta es la emoción que despierta el vampiro que Bowie interpreta en la película británica The Hunger (El ansia) de Tony Scott (1983). Bowie actúa al lado de Catherine Deneuve y Susan Sarandon en una historia - y tragedia - de amor que destaca por su erotismo y la elegancia estética y actoral.

Inolvidable también la personificación de Bowie como Jareth, el rey de los goblins, en Labyrinth (Laberinto) de Jim Henson (1986). La película que combina actores con puppets animados de monstruos impacta a chicos y grandes por sus personajes convincentes y el conflicto que experimenta la pequeña protagonista. Termino mi breve recorrido por películas de ficción en las que Bowie imprimió su arte transformador a un personaje con el de Poncio Pilatos en La última tentación de Cristo de Martin Scorsese. Si la tienen a la mano revisen el diálogo entre Poncio Pilatos y Cristo en el que Pilatos lo interroga acerca de su condición de rey. Es una escena modelo en cuanto a guión, puesta en cámara, escena y actuación. Me imagino que Bowie debe de haber disfrutado muchísimo interpretar a un villano tan alejado de los personajes que solía personificar como cantante y actor.

annemariemeier@hotmail.com