La pantalla del siglo

“Dallas buyers club” como lección necesaria

Me esperaba otra cosa. Puesto que los medios promocionaron la película Dallas Buyers Club (El club de los desahuciados) con entrevistas al actor Matthew McConaughey que se centraban en su dieta por la que perdió veinte kilos y la dificultad de interpretar a un  personaje enfermo de Sida, esperaba ver un drama meloso o un biopic que serviría para un estudio de caso. Pero no, Dallas Buyers Club no provoca lástima ni la identificación con una víctima enferma. Para los que vivimos la época de los ochenta y compartimos la angustia de la “enigmática” enfermedad que se extendió como pandemia y causó rechazo y marginación de grupos de preferencias y prácticas sexuales y drogadicción, el filme no sólo reactiva la memoria sino que sirve para mostrar el contexto y denunciar la terrible desinformación que se difundió en la época y que provocó muertes, tragedias, persecución y angustia al mismo tiempo que enriqueció a empresas farmacéuticas y mercachifles del sector salud. Para los jóvenes nacidos después de la emergencia, la película es una lección de cómo un problema de salud puede desatar una persecución de ciertos sectores y ser aprovechado por intereses conservadores para sembrar el pánico entre una población mal informada y manipulada.

El filme empieza con la escena de un rodeo en Texas. Es 1985. Con planos detalle se muestra a un grupo de apostadores, al vaquero y al toro que se están preparando para salir al ruedo. En este momento conocemos al electricista  Ron Woodroof, un tipo bastante desagradable, adicto al sexo, al alcohol, homofóbico y fanfarrón. A través de la historia de Ron, quien es diagnosticado VIH positivo y con SIDA en etapa terminal, Dallas Buyers Club sigue a varios personajes en el avance de la enfermedad, observa la lucha por conseguir los medicamentos que necesitan, muestra el dilema ético de médicos que quieren ayudarlos con medicamentos prohibidos por la FDA (Food and Drugs Aministration) y los negocios turbios de empresas y empresarios del sector privado, así como de funcionarios que lucran e incrementan su poder ante el estallido de la emergencia.        

El personaje del protagonista Ron Woodroof (Matthew McConaughey) está basado en el personaje real entrevistado por un reportero en los años 90 unos meses antes de su muerte. Al contrario de la mayoría de los personajes secundarios como el travesti drogadicto Ragon (Jared Leto) o la doctora Eve (Jennifer Garner), Ron no está construido para crear identificación y simpatía en el espectador. Su manera de reaccionar ante la enfermedad y de obtener beneficio de la desesperación de otros enfermos, despierta rechazo. Sin embargo, su lucha por la supervivencia es lógica y cuando el espectador cae en cuenta de la marginación, los manejos turbios de la FDA, del sector salud, el sistema jurídico y el gobierno, comprende y acepta el coraje y la rebeldía del personaje quien se convierte en un mediano empresario del tráfico con medicamentos prohibidos. La ambigüedad ética y el espíritu empresarial de Ron ayudan a muchos enfermos que son utilizados como conejillos de india por la industria farmacéutica y médicos sin escrúpulos para probar el medicamento AZT cuyas dosis provocan muchas muertes. Interesante que un cómplice de la lucha de Ron es un doctor quien está forzado a ejercer en México porque los medicamentos para fortalecer el sistema inmunológico que administra están prohibidos en EUA.      

Al estilo de una bitácora el filme sigue del 1 al 29 los días hasta el desenlace trágico que un médico le predijo a Ron. Después, el filme avanza con elipsis más largas hasta una escena de rodeo que cierra el relato de manera circular aunque nos enteramos que Ron murió siete años después de que se le diagnosticó la enfermedad. El rodeo como ritual viril y sureño, es una de las escenas claves del filme cuya estética recurre tanto a largos planosecuencia como al montaje de detalles extremos, la construcción de contrastes entre personajes, atuendos, estilos de actuación y una banda sonora que incluye un subjetivo zumbido irritante percibido sólo por el protagonista.

El realizador canadiense Jean-Marc Vallée, quien dirigió entre otros los filmes C.R.A.Z.Y (Una familia disfuncional) 2005 y Young Victoria (La reina joven) 2009, se basó en un guión sumamente eficaz de Craig Borten y Melisa Wallack para crear una película no sólo convincente sino necesaria para la memoria de una época y una enfermedad cuyo manejo homofóbico, discriminatorio e ideológico causó - y sigue causando - mucho daño.

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