La pantalla del siglo

Los Coen cantan la "Balada de un hombre común"

Detrás de un micrófono anticuado aparece el rostro de un joven músico con barba y cabellera rizada que interpreta con su voz y guitarra la triste canción “Hang Me, Oh Hang Me”. La indicación Gas Light Café 1961 sitúa la escena en un club al sur de Manhatten y la cámara observa al cantante Llewyn Davis (Oscar Isaac) a lo largo de toda la canción que los asistentes escuchan en silencio y aplauden al final. El músico interpreta una rola de Inside Llewyn Davis, su primer disco en solitario que corresponde al título original del filme de los hermanos Coen. El filme que se distribuye en México como Balada de un hombre común describe las experiencias de un personaje ficticio de la generación de músicos estadounidenses que se dedicaban al género folk a principios de los sesenta. El año 1961 fue justamente un año de transición en el que el folk se empezó a comercializar y mezclar con otros géneros. La “escena” de Greenwich-Village se extendió y se preparaba el boom del folk con Bob Dylan.

Sin embargo, Llewyn Davis no es ningún Bob Dylan. A los hermanos Coen no les interesó una carrera exitosa sino el gran grupo de buenos y profesionales músicos que no tuvieron éxito comercial. A partir de una paliza que un desconocido le da afuera del club, el filme observa a Llewyn en sus tribulaciones diarias en busca de trabajo, dinero, un lugar dónde dormir y apoyos para la difusión de su música. La crisis de Llewyn es profunda sobre todo por la pérdida de su mejor amigo y comparsa y los problemas de comunicación con su familia, los colegas y una amiga de la que está enamorado. Vive en un mundo transitorio  aferrándose a un tipo de música que está pasando de moda. Además, carga con la responsabilidad de un gato que, al igual que él, prefiere la calle a la jaula de un departamento y la vida acomodada. La odisea lleva a Llewyn por las calles, el metro, los clubes, oficinas de representantes y estudios de grabación de Nueva York pero también por un viaje en coche a Chicago en busca de un afamado representante. 

La estructura de la Balada de un hombre común es elíptica, el desenlace y final cierran la secuencia del inicio y las tribulaciones, (des)encuentros y accidentes del protagonista se tejen alrededor de piezas musicales de varios géneros cuyas letras ilustran los momentos por las que pasan los personajes, la escena musical y el país. Llewyn representa el papel de una especie de “poeta maldito”, que percibe - y  recibe – el vacío y los golpes del entorno y los convierte en poesía y lamento musical. La cámara lo enseña a menudo atrapado por corredores estrechos, entrando a departamentos prestados por la escalera de servicio, viajando en el ruidoso metro, cargando bultos ajenos y tocando su guitarra como si fuera una extensión de su alma. Sobrevivir en invierno en las calles Nueva York y manejar por la carretera en medio de  la lluvia y la nieve hasta Chicago intensifican la fragilidad y precariedad del protagonista e involucran fuertemente la emoción del espectador.       

La banda sonora diseñada y compuesta por T-Bone Burnett subraya el ambiente de época y representa un homenaje a los géneros y estilos musicales de los años sesenta. En la revista Filmbulletin (número 8 de 2013) encontré un ensayo del especialista en banda sonora Oswald Iten quien analiza la cercanía del personaje ficticio Llewyn con el músico Dave van Ronk,  el llamado “Mayor of MacDougal Street”. También señala la relación de los infortunios del protagonista Llewyn Davis con los géneros y las letras de las canciones y rolas que escuchamos en el filme, desde “Hang Me, Oh Hang Me”, pasando por  “Fare The Well”, baladas irlandesas, “The Storm are on the Ocean”, hasta la machacona “500 Miles” cantada por los amigos del protagonista Jim (Justin Timberlake) y Jean (Carrey Mulligan), una canción que en 1962 lanzó al estrellato al trío Peter, Paul and Mary. La alusión sociopolítica resalta en una escena en la que Llewyn gana unos dólares al tocar en un trío que interpreta un hit ficticio con el título “Please Mr. Kennedy” que critica el proyecto espacial del presidente. La rola es, sin duda, un guiño de ojo en memoria de los cantautores críticos con el sistema cuyo tiempo había quedado definitivamente atrás. Por cierto, son los mismos actores los que interpreten las canciones. En Guadalajara, el sound track ya “sueña” aunque el filme no haya encontrado el camino a nuestros cines.