La pantalla del siglo

"El Charro de Toluquilla"

En el marco de la muestra de películas jaliscienses en el Cineforo de la UdG pude ver por fin el documental El charro de Toluquilla de José Villalobos Romero que se estrenó en el FICG 2016 dónde ganó el premio a mejor documental iberoamericano. Después del éxito en el Festival de Guadalajara la película fue invitada a varias muestras y festivales de todo el mundo pero también apareció en Guadalajara para unas pocas funciones que llenaron el Cineforo. ¿Cuándo nos darán la noticia de más funciones o incluso una temporada en un cine comercial?, me preguntaron los radioescuchas de C7 el jueves pasado. No lo sabemos porque depende de que la película encuentre en México un distribuidor que se arriesgue a comprarla. Por cierto, el filme se exhibe en estos días en el festival de Los Ángeles como parte de la selección del FICG que se proyecta en aquella ciudad. El festival se abrió con otra película tapatía: La delgada línea amarilla de Celso García.

El charro de Toluquilla empieza con imágenes que muestran a un charro montado en su caballo blanco frente a las inmensas antenas del Cerro del Cuatro en Guadalajara. (La escena remite al espectador a la triste figura del DonQuijote frente a los molinos de viento que pretende combatir como gigantes enemigos). Después conocemos a Jaime García, el charro, quien vive con sus padres en un rancho de la periferia de Guadalajara, cría caballos y gallinas y canta en antros de la ciudad acompañado por un mariachi. A través de encuentros, viajes en coche, comidas, paseos y conversaciones con sus padres y vecinos nos enteramos que el hombre tiene dos hijas y que la madre de una de ellas se niega a vivir con él mientras no estén casados por la iglesia. A lo largo del filme que abarca varios años, el hombre pasa por experiencias positivas, pérdidas, crisis de salud, conflictos personales y familiares, que, sin embargo, no merman su buen ánimo y ganas de vivir y compartir.

El documental seduce al público con un protagonista multifacético y convincente que concuerda con lo que su director José Villalobos contestó a una joven espectadora del Cineforo que le preguntó qué consejo le podía dar a una documentalista que pretendía realizar su primera película. “No sólo tienes que encontrar un tema y un personaje interesante sino un personaje que atrapa al espectador frente a la cámara. Es importante observar en el casting cómo conecta con el público”, fue el consejo de José Villalobos quien grabó al charro a través de cinco años y 250 horas de registro.

En el inmenso y rico mundo del cine documental, existen, desde luego, movimientos, ejemplos y “géneros” que no dependen de un personaje ni de su poder de atracción con el público. Sin embargo, para un retrato y estudio humano como el que José Villalobos realizó con El charro de Toluquilla el director tiene razón. Su protagonista despierta no sólo el interés del espectador sino que lo atrapa y conmueve profundamente por su personalidad, carácter y estilo de vida - que se antojan anacrónicos - y por las contradicciones personales, sociales y emocionales que marcan no sólo su vida diaria sino sus alegrías, sueños, conflictos, debilidades y dudas que exhibe sin pudor. A esos atributos del protagonista, que lo convierten en un personaje atractivo, se agrega, sin duda, otro elemento, enormemente poderoso, del que el público se entera en los primeros minutos del filme: El charro es un sobreviviente del virus del Sida que se le detectó hace más de quince años. Ese hecho que marca la vida del personaje sensibiliza al espectador frente a la tragedia del ser humano que, en su avatar de charro,  interactúa de manera tan generosa con la cámara, el director y el espectador imaginarios del filme, que despierta un profundo respeto.

José Villalobos comentó con el público del Cineforo que pretendió realizar un documental de observación que captara con objetividad la vida diaria de un personaje excepcional. Sin embargo, el filme va mucho más allá. Ciertamente observa con enorme paciencia y empatía a su personaje. Por otro lado, sin embargo, utiliza la puesta en cámara, la edición y el diseño sonoro para crear citas y homenajes, construir líneas narrativas y un suspenso que atraviesa todo el relato. El charro de Toluquilla remite al cine y la cultura popular mexicanos con figuras como Jorge Negrete y Vicente Fernández, muestra a la sociedad mexicana como polarizada – y enfrentada - en un “primer mundo” urbano y otro campirano y tradicionalista, materializa y visualiza la temática del machismo y cuestiona los roles masculino y femenino y las contradicciones de la familia tradicional.  

Al observar al charro atravesar a caballo el puente atirantado sobre la calle López Mateos y escuchar a Natalia Lafourcade entonar una melodía nostálgica, el espectador cae en cuenta que acaba de ver una película sobre la resistencia humana, una sociedad dividida y distintos y contradictorios aspectos del México de hoy. Sin embargo, al lado de la yegua blanca trota su potrillo negro, la hija del charro sigue acompañando a su padre y el hombre ha superado una nueva crisis de salud. Son imágenes y mensajes que conmueven y que José Villalobos y su equipo convirtieron en un documental convincente y profundamente humano.