La pantalla del siglo

"César Chávez"

César Chávez es el tipo de películas que me involucran por su tema y urgencia y me hacen olvidar que, como crítica de cine, debería fijarme en su narrativa y estética para compartir con el espectador y lector de mi texto una especie de valoración. El filme es, desde luego, especialmente significativo para el espectador mexicano. Por un lado porque el líder campesino estadounidense César Chávez tenía antecedentes mexicanos y por el otro porque la historia dirigida por el Diego Luna muestra la urgente necesidad de un acuerdo migratorio entre México y EUA aunque trate la época de los años sesenta y setenta y la justicia laboral en Estados Unidos de Norteamérica.

Con carácter de urgente Diego Luna y su productor se lanzaron a una profunda investigación acerca de la vida, el entorno y la cronología de hechos que podían integrar un filme de ficción sobre el líder campesino quien nació en 1927 en Yuma y murió en 1993 en San Luis, Arizona. Durante varios años reunieron entrevistas con familiares, amigos y compañeros de Chávez, revisaron material de archivo con registros de discursos, reuniones, marchas y reportajes periodísticos. Decidieron realizar una ficción para llegar a los circuitos comerciales y alcanzar a un público mayor. El proyecto convenció a personajes como John Malkovitch quien se involucró por la urgencia de dar visibilidad a un tema y problema humano y social que no recibe la atención necesaria ni por los gobiernos ni la opinión pública.

La película empieza con una entrevista radiofónica en la que César Chávez resume su infancia como hijo de trabajadores mexicanos del campo californiano y su inserción como educador en la Organización de Servicios de las Comunidades. (En otro momento del filme nos enteramos que durante la Segunda Guerra sirvió en la Marina estadounidense). Chávez decide abandonar las oficinas de la Organización para salir al campo y “ensuciarse las manos” al igual que los ejércitos de trabajadores agrícolas. Fue en los campos de cebolla y los viñedos dónde el trabajo infantil, los salarios y el trato injusto de los trabajadores lo llevaron a impulsar un sindicato de trabajadores agrícolas que se fusionó en 1971 con el de los filipinos en la United Farm Workers (UFW). La película también narra cómo Chávez impulsó un movimiento nacional de boicot a la uva californiana cuyos productores obtenían ganancias millonarias a través de la explotación de los trabajadores y el trabajo infantil.

El material de archivo incluido en el filme no sólo ilustra la época y el contexto de la ficción, sino que se constituye en documentación histórica y crónica del desarrollo del movimiento. Las escenas ficcionadas muestran a Chávez (Michael Peña) como hombre indignado por las injusticias, esposo de una mujer excepcional (America Ferrara), padre de hijos que le reprochan la falta de atención y líder social pacifista. El filme también capta las estrategias de lucha que utilizaron los campesinos como la declaración de una marcha a Sacramento como peregrinación – con estandartes de la virgen de Guadalupe –, la provocación de la policía rural, la huelga de hambre de Chávez y el contacto con sindicatos europeos. 

Como película de tesis que no se limita a la narración sino que pretende mostrar, demostrar e invitar a la reflexión, el filme incluye una serie de escenas dirigidas a espectadores que conocen y se identifican con el contexto histórico y social. Los travellings por los campos californianos, las filas de trabajadores agachados, los rostros de los niños y los tambos de agua que se vende a los trabajadores son tan elocuentes como las escenas de racismo y discriminación. También resalta la plática sobre calificativos denigrantes como frijoleros, greasers, wetback que explica la ironía del nombre “Don Sotaco” que los trabajadores escogieron para el semanario del sindicato.

Después del documental J.C. Chávez sobre el boxeador mexicano Julio César Chávez en 2007, la ficción Abel y el cortometraje Pacífico (para la colección Revolución) en 2010, Diego Luna realizó con César Chávez un filme ambicioso que lo apasionó por el personaje y la urgencia del tema y quizás haga una aporte a los temas de la agenda transnacional entre México y EUA. Admiro la energía y persistencia de Luna como realizador, productor, actor y gestor. Recordemos que fundó con Gael García la productora Canana, la gira de documentales Ambulante y que impulsa la producción y difusión del cine mexicano en México y el extranjero.

annemariemeier@hotmail.com