La pantalla del siglo

Cantinflas y el arte de hablar y confundir

Estamos a la espera del estreno de la película Cantinflas dirigida por Sebastián del Amo. Habrá tiempo de ver y comentar el filme. Sin embargo, para calentar motores para una visión abierta, pero también crítica de la película quisiera compartir parte de mi estudio de la comunicación verbal de Cantinflas con los demás personajes de un filme que provocan del publico. Formulé mis conclusiones para el libro  El diálogo como objeto de estudio, publicado por el ITESO en 2012.  

Vi mi primera película del cómico en un cine de Madrid a mediados de los años sesenta del siglo pasado. Sin conocer México, país que se convertiría pronto en mi segunda patria, me enamoré del ambiente del filme y del personaje del joven “curita” que Cantinflas interpreta en El padrecito (1964). Aunque mi dominio del español era todavía muy deficiente, me di cuenta que el diálogo había sido doblada al castellano de España. El púbico se reía muchísimo y yo supuse que la especial manera de argumentar del cómico mexicano, se había traducido correctamente. Cuando volví a ver el filme años más tarde en México, me di cuenta que era imposible traducir la maestría con la que el personaje confunde a sus interlocutores y divierte al publico con sus estrategias de comunicación. No lo hace por ocurrencia sino por salir bien librado de los reproches y momentos de tensión. Lo hace también para subvertir al poder y la autoridad, para car bien y, desde luego, conseguir lo que le importan en al vida: Vivir con comodidad y ser aceptado. 

Para analizar el habla característica de Cantinflas me limito a uno de sus mejores filmes cuyo humor verbal es típico para la primera época de su obra. Con su propuesta de thriller cómico y su desenlace construido como parte de un proceso judicial, el filme Ahí está el detalle dirigido en 1940 por Juan Bustillo Oro, no ha perdido frescura e incluso podría servir de divertida lección para estudiantes de derecho que se preparan para los juicios orales. En el análisis de Ahí está el detalle me di cuenta que el famoso “cantinfleo” no corresponde a una única manera de despistar al interlocutor sino a una gama de estrategias verbales que varían según el propósito del diálogo, el carácter y la clase social del interlocutor.

Si conocen el filme recordarán que Cantinflas tiene amistad – y una especie de noviazgo – con Paz, la sirvienta de Don Cayetano (Joaquín Pardavé) y su esposa. Como visitante frecuente de la cocina y la cava de la casa, Cantinflas se dedica a comer y beber bien y contestar los reproches de Paz con argumentos absolutamente convincentes. A la pregunta de por qué no trabaja, contesta que si trabajar fuera bueno, los ricos trabajarían, cosa que no hacen. Y cuando Paz le pregunta si no siente a veces ganas de trabajar, le contesta que sí, pero que como buen macho se aguanta y no cae en la tentación. Cantinflas sale victorioso del diálogo y la cadena de argumentos de Paz cuando dice que sus creencias religiosas le prohíben trabajar puesto que en la Biblia hay un clausula de exclusión: Cuando Dios corrió a Adán y Eva del paraíso les dijo “Comerán el pan con el sudor de su frente”. “Entonces ahí está el detalle del trabajo”, concluye Cantinflas: “Todos los que son tontos comen pan con sudor, que aparte de ser molesto es una cochinada”. 

En contra de Paz y sus insinuaciones, Cantinflas utiliza la estrategia de abrumarla con palabras, argumentos y citas que la confunden y dejan con el contraargumento en la boca. Con Don Cayetano, quien lo descubre en la alacena tomando de su coñac y fumando, Cantinflas utiliza la estrategia de los rituales del “bien hablar” de la clase media y alta. A la sorpresa del dueño de la casa de encontrarlo escondido, contesta con un amable “Buenas noches” y señalando la botella de coñac:¿”Usted gusta?” Don Cayetano cae en el juego y contesta: “No gracias”. Al darse cuenta de la trampa, grita con enojo: “Salga Usted de ahí”. Cantinflas responde: “No, aquí estoy bien. ¿Por qué no entra? Aquí hay galletas, coñac y puritos…” Al tratar al dueño de la casa con los rituales de la comunicación “educada”, Cantinflas desinfla sus reproches y lo involucra en una diálogo amable y cooperativo.

En el marco del juzgado y a los largo del juicio que se le hace por un supuesto asesinato, basado en un malentendido verbal. Cantinflas cambia su estrategia para subvertir la autoridad y marcar su independencia: En el juzgado todo está listo para que empiece el juicio. Sentado en el banquillo del acusado, Cantinflas empieza a conversar con un policía. “A qué hora llega el juez?, le pregunta. “Quién sabe”, le contesta el policía. Cantinflas: “¿Adónde fue?” Policía:

“¡Qué le importa!” Cantinflas: “¿Cómo, qué me importa? No me falte al respeto. No soy cualquier cosa. Soy el acusado. Total, si no va a venir, me lo hubiera dicho , mando a otro en mi lugar.” (…) No hay derecho”. Con este tipo de argumentos y reclamos Cantinflas provoca la risa y se gana la empatía del público que ha experimentado situaciones, reproches y reclamos, sin tener la oportunidad de contestarlos como el cómico lo suele hacer.

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