La pantalla del siglo

La Bella y las bestias

The Neon Demon (El demonio de neón) es el décimo filme del realizador,  guionista y productor danés de 45 añosNicolas Winding Refn. Al margen del éxito de los realizadores daneses Lars von Trier y Thomas Winterberg quienes se juntaron en el manifiesto Dogma 95, Winding Refn creó un obra fílmica sumamente personal pero mucho menos difundida en el extranjero. Esto cambió, sin embargo, con Drive (2011) un thriller efectivo y atractivo que ganó la palma de oro a mejor direccióndel Festival de Cine de Cannes. También su próxima película Only God Forgives (Sólo diós perdona) (2013), una oscura y brutal historia de venganza en Bangkok, cimentó la fama del director como narrador y artista visual extravagante y personal. No sorprende, entonces que el estreno de The Neon Demon (2016) haya encontrado en Guadalajara el interés de los cinéfilos ávidos de conocer su nuevo experimento fílmico.

Los primeros minutos The Neon Demon despiertan de nuevo nuestro asombro. Después de los créditos iniciales sobre pantallas en colores y texturas vivos aparece una imagen fascinante: Un maniquí extremadamente blanco con un diminuto vestido azul metálico está acostado en un sofá. ¿Maniquí o modelo? nos preguntamos antes de descubrir que por uno de los brazos tendido hacia el piso,correun chorro de sangre que brota de una herida en el cuello. La imagen es inmóvil como si se tratara de la instantánea de una escena de crimen. Es una escena bella, sensual y cruel que transcurre en el estudiode un fotógrafo.En los próximos minutos observamos a la modelo maquillada de maniquí quitarse lentamente la pintura de sangre de los brazos y el cuello y conversar con la maquillista Ruby (Jena Malone). Así nos enteramos que la joven modelo se llama Jesse (Elle Fanning), quien se acaba de mudar a Los Ángeles y pretende hacer carrera en el mundo del modelaje. Ruby elogia su belleza perfecta de Jesse.“Tiene esa … cosa” se dirá más adelante en el filme. “Esa cosa” que la convierte en objeto de deseo (y envidia) de hombres y mujeres. “La belleza no lo es todo, pero la belleza es lo único que cuenta”, será otra de las frases – y clisés – con la que se alude a la gracia de Jesse, la adolescente de 16 años que es la envidia del ejército de modelos cuyos rostros y cuerpos son el resultado de dietas, hambre, cirujanos, estilistas, maquillistas y la habilidad de fotógrafos y diseñadores de moda.

Winding Refn narra la triste historia de la bella pueblerina en el calculador y frío medio del modelaje a través de una estética pop altamente estilizada y una puesta en escena de ritmo lento y contemplativo. Construye un relato alegórico en el que traduce de manera literal cómo el negocio del modelaje convierte a las mujeres en objetos, les “chupa la sangre”, “las descuartiza”, “cosifica” y “se las come”.  (Las comillas se deben a que el filme traduce las metáforas de manera literal en elementos y acciones de un filme de horror). Hombres y mujeres que se nutren de la belleza de Jesse se vuelven bestias humanas que la erotizan, miden,califican, seleccionan, utilizan y desechan. Con excepción de un joven aprendiz de fotógrafo quien quiere convencer a Jesse que vale más que su belleza física. Ella, sin embargo,insiste en que no es, ni sabe hacer, nada. “No sé cantar, no sé actuar, no sé  pintar, ni escribir. Sólo soy joven y bonita”.

Winding Refn arma una historia de horror con una estética extravagante y, en algunas ocasiones, chillante. Personajes y encuadres parecen brincar a la pantalla desde las páginas de una novela gráfica o un cómic. Cada imagen es un cuadro perfectamente compuesto. Luz y blancura de los escenarios, enigmáticos símbolos geométricos y primeros planos de rostros con maquillajes extravagantes convencen por su inquietante belleza. Hay escenas impresionantes como la de un felino que destroza el cuarto de motel de mala muerte donde se hospeda Jesse, otra con un grupo de modelos en ropa interior y zapatos de tacón que esperan su turno para exhibir su manera de caminar y la de un fotógrafo que embarra la piel de Jesse con pintura dorada. El suspenso de esas escenas contrasta con las secuencias de necrofilia y canibalismo que no despiertan ni horror, ni miedo, ni angustia.

Entre tanta exquisitez visual - fotografiada por Nastash Braier - y originalidad sonora -compuesta por Cliff Martínez- el avance del filme se siente cada vez más plano y vacío. Puesto que los personajes no tienen ni vida ni desarrollo propio, laemoción y la atención del espectador disminuye. Esa sensación se intensifica, además, por los diálogos que repiten lugares comunes. Ilustrar el vacío y trasmitirun frío mortal corresponde, sin duda, a la intención del realizador. Sin embargo, al espectador se le dificulta mantenerse emocionado -e incluso interesado- en lo que pasa en la pantalla.

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