La pantalla del siglo

Aparentar y estafar: “Escándalo americano”

Después de la campaña publicitaria con la que se anunció el estreno de American Hustle (Escándalo americano) de David O.Russel y el ritmo y tono de los trailers que se proyectaban en los cines desde hace meses, el espectador se prepara para ver un filme bastante hilarante con un ritmo rápido de escenas, acciones y humor. Pero no, el filme empieza de manera muy pausada y centrada en un hombre de edad madura que se dedica a mejorar su apariencia física. Frente a un espejo Irving Rosenfeld (Christian Bale) intenta esconder su calva por medio de un tupé que pega con esmero sobre su calva y cubre con los pocos mechones que le quedan. Cuando se abrocha la camisa entallada, descubrimos su barriga, que, junto a unos grandes lentes, revelan su edad y condición física. Después, el personaje se presenta y le narra al espectador cómo se enamora de la bella estafadora Edith/Sidney (Amy Adams) y cómo se asocian para planear y realizar una gran estafa que involucra tanto a la pareja como a estafadores profesionales, aprendices del FBI y de la política. La gran suma de dinero que está en juego tiene que ver con el centro de juego en Atlantic City que está en bancarrota y necesita capital para su reconstrucción. El hecho de que la salvación de un centro de juego y apuestas atraería a inversionistas y crearía miles de puestos de trabajo es sólo discurso del alcalde Carmine Polite (Jeremy Renner) ya que se trata de hacer dinero, ganarle al otro en la competencia, crecer en popularidad y atención de los medios como policía o como político exitoso. La estafa como juego y deporte. De alto riesgo para el principiante, de riesgo calculado para el profesional. Si la traición es un tema recurrente en el cine norteamericano, en películas de estafadores como American Hustle la traición generalizada y calculada es simplemente parte del juego.  

La calma y los detalles con los que se narra la escena inicial, no es gratuita puesto que introduce uno de los temas centrales del filme: Las apariencias engañan y si se cuidan las apariencias es realmente fácil engañar – y estafar – a los demás. La escena tiene, sin embargo, varios propósitos más. Impone al espectador un ritmo lento, le presenta la intimidad de un hombre inseguro que representa el papel de un empresario exitoso con contactos a través de todo el mundo. Si el mundo se nos presenta como teatro y el protagonista como un actor, el espectador será el público y el personaje lo involucrará en su suerte a través de un monólogo que lo vuelve cómplice de sus intrigas. Un último propósito del inicio es ubicarnos en los años setenta del siglo pasado. La melena falsa del protagonista, los exquisitos peinados de las mujeres, los copetes y rizos al estilo afro, son parte de una puesta en escena sobre los íconos y mitos de los años setenta en Estados Unidos. Para los que vivimos esta época American Hustle también nos recuerda los ambientes, personajes, peinados y la banda sonora de películas como Easy Rider  de Dennis Hopper (1969) y Hairspray de John Waters (1988).

Después del inicio descriptivo el filme agarra ritmo, los personajes ganan fuerza y crean choques y enfrentamientos dramáticos. Las primeras escenas muestran el fracaso de un intento de estafa que se narra en la primera parte de la película. Hay revelaciones interesantes como la escena en la que el espectador descubre la doble vida del protagonista y entiende su motivación por completar las ganancias del negocio de tintorerías con la estafa con obras de arte y capitales de inversión. Cuando la narración llega al punto de inicio del filme, los personajes están desarrollados y los frentes claros. A partir de este momento las cosas se complican y el espectador es atrapado en el juego de todos contra todos. ¿Cuál sería la brújula para no perder el hilo de los acontecimientos y saber quién traiciona a quién? Propongo no esforzarse demasiado, tomarla con calma y esperar el desenlace que premiará o castigará a los personajes según el grado de su credibilidad (más no inocencia). De nuevo ganan las apariencias.

American Hustle es divertida pero no me parece un gran filme sobre la destrucción del llamado sueño americano. Puesto que es una especie de estudio de caso – incluso basado libremente en un caso real – no invita al espectador a generalizar y sacar conclusiones. Quizás no fue la intención de los guionistas y el realizador mostrar el fracaso de un mito. O quizás el espectador se esperaba ver un filme más impactante, algo parecido a El lobo de Wall Street de Martin Scorsese que atrapa e inquieta profundamente al público.

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