La pantalla del siglo

Amar, beber y cantar con Alain Resnais

Ver un nuevo filme de un realizador cuya obra se conoce y admira despierta un suspenso especial. Saber que la película que vemos fue la última obra del creador admirado y fue estrenada después de su muerte, despierta expectativa pero también un sentimiento de tristeza. Recordemos que Alain Resnais nos regaló más de 50 películas con historias y reflexiones bellas y profundas como Hiroshima mi amor (1959), El año pasado en Marienbad (1961), Providence (1979), L’amour à mort (1984) y relatos divertidos como Smoking/ no smoking (1993) y Conocemos la canción (1997).

Después de ver Amar, beber y cantar, filme que realizó a los 91 años, concluimos que Resnais se despidió de la vida y del cine con un admirable humor juguetón pero también con su característica mirada crítica sobre el ser humano, el amor y la pareja. Su último filme muestra cómo el paso del tiempo marca las estaciones de la vida de los personajes desde la juventud hasta la vejez y la muerte. La próxima muerte de un amigo se establece desde la primera escena y es la información que transforma la rutina diaria de cada uno de los personajes. Los espectadores observamos con curiosidad cómo la proximidad de la muerte del amigo, ex amante y ex marido, provoca una especie de regresión en los personajes que recuerdan y reviven impulsos de deseo, energía, alegría y celos juveniles.     

Para Amar, beber y cantar, Resnais se basó en la obra de teatro Life of Riley de Alan Ayckbourn. No es la primera vez que Resnais adapta una obra del dramaturgo británico, también las películas Smoking/ no Smoking (1993) y Coeurs  (Asuntos privados en lugares públicos, 2006 ) están basadas en obras de teatro del escritor británico. Resnais y sus coguionistas decidieron no sólo respetar sino acentuar la teatralidad de la película.

Situado en la región del Yorkshire, Gran Bretaña, el relato está estructurado en breves capítulos que siguen un mismo patrón y mezcla de discursos: Empiezan con una breve escena en un entorno real seguida de un plano fijo pintado en acuarela o acrílico y una escena actuada en un escenario teatral. El breve travelling inicial desde un coche en marcha, abre la secuencia con un movimiento que sigue la línea divisoria de los carriles de una carretera. Después de un corte se muestra en un plano fijo el lugar en el que transcurrirá la acción. Un nuevo corte lleva al escenario en el que se desarrolla la trama. Las escenas avanzan a través del diálogo entre los personajes, un diálogo perfectamente medido y rítmico, como si se tratara de un juego de ping pong ensayado y realizado miles de veces. Los actores dejan entrever que están actuando un papel aprendido de memoria, la escenografía es de teatro, las casas y puertas son telones de fondo, las plantas artificiales y los ruidos y cantos de pájaros - entre ellos un pavo real - acentúan la artificialidad del entorno y los sucesos. 

La historia se teje alrededor de tres parejas: Kathrin et Colin, Tamara y Jack, Monica y Simeon y el ausente –y omnipresente– Georges quien no aparece en escena pero es el personaje que provoca las acciones y reacciones de los demás a lo largo del filme. Los personajes están ensayando sus papeles en una obra de teatro e invitan a Georges como actor para distraerlo un poco de su inminente muerte. Georges acepta pero su creciente importancia en la obra y la vida de todos trastorna los rituales de las parejas. Su alegría y vitalidad son una amenaza para los tres hombres mientras que para las mujeres, el personaje de Georges crece en atracción y despierta deseos y energías juveniles.

Es en estas escenas que describen los rituales de pareja y el desgaste de las relaciones amorosas y de amistad que Resnais muestra su observación detallada, mirada crítica y maestría para la puesta en escena y dirección de actores. Las tres parejas siguen rituales de comunicación y convivencia absolutamente aceitadas en los que el amor, los tragos y los roles ensayados parecen petrificados. La lectura del periódico, el servirse un trago y frases como “te conozco demasiado bien” y “nunca me escuchas” caracterizan la comunicación. La enfermedad y próxima muerte de Georges son bienvenidos como distractores e impulsos que rejuvenecen y despiertan energías y emociones juveniles.

Amar, beber y cantar termina con una escena de los funerales en la que los personajes avientan rosas al ataúd del amigo, ex amante y ex marido muerto. ¿Están interpretando un rol en una obra de teatro? ¿Según Resnais la vida es teatro?¿Y el verbo cantar del título que sólo está en la banda sonora con canciones y un vals vienés para Georges? No hay duda, Resnais nos dejó la tarea de volver a revisar su último filme divertido y cruel para compararlo con el resto de su inspirada filmografía.

 

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