La pantalla del siglo

"Alicia a través del espejo"

Hay reseñas de películas que se escriben solas y otras que me cuestan trabajo. Las primeras –aunque no siempre las más fáciles de formular– corresponden a películas que me atraparon profundamente o de plano decepcionaron. Las segundas hablan de filmes que no me dejaron del todo satisfecha (aunque tampoco me hayan disgustado). Alicia a través del espejo (Alice Through the Looking Glass) pertenece al segundo grupo. Me divertí al verla pero salí del cine bastante desencantada puesto que no correspondió a mis expectativas ni de buena película infantil ni de propuesta narrativa y estética homogénea.

Recordemos el éxito de Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland) (2010) que, a un año del estreno de Avatar de James Cameron, repitió el impacto del 3D en el público ávido de nuevas experiencias cinematográficas. Aunque el guión de Lina Woolverton y la dirección de Tim Burton parecían haberla alejado del característico estilo de Burton, Alicia en el país de las maravillas convenció por los personajes, el tono y la estética. Pasaron seis años para que también el segundo libro de Lewis Carroll sobre el personaje de Alice fuera llevado al cine. Trough the Looking - Glass and What Alice Found There publicado en 1871, narra las aventuras de la protagonista en un “mundo al revés”. Por medio de las fichas de ajedrez, Alicia descubre un espejo que le permite, por ejemplo, leer un libro de poesía escrito al revés. De la base literaria el filme Alicia a través del espejo (Alice Through the Lookin Glass), sólo aprovecha algunos elementos. Puesto que la guionista Lina Woolverton y el director James Bobin pretendieron crear un filme de acción y aventura, el juego con el espejo se convirtió en una trama de realización femenina, rescate del amigo en peligro, viajes en el tiempo y lecciones de moral.

El primer cuento de Carroll termina con que Alice abandona Inglaterra para navegar rumbo a China. La secuela fílmica Alicia a través del espejo empieza con el regreso de Alicia después de tres años de navegación. A sus 19 años y como capitana del buque de su padre, la joven heroína (Mia Wasikowska) tiene que vencer una tormenta infernal y la persecución de una flota de piratas para llegar al puerto de Londres dónde la esperan su madre y la estrecha moral victoriana. Imposible que una mujer capitanee un barco y entable negocios con China. Alice se ve atrapada en un dilema: O bien firma la renuncia al buque de su padre o bien su ex novio le quita la posesión de la casa a su madre (recordemos que las mujeres no tenían derecho a la herencia). En el país del imaginario, al dilema familiar se agrega el hecho de que el mejor amigo de la joven, el estrafalario sombrerero (Johnny Depp), está en peligro de muerte y sólo ella lo puede salvar. Para rescatar al sombrerero Alicia tiene que vencer al tiempo, un personaje oscuro de ojos azules, que domina el mundo a través del mecanismo de la “cronosfera” que mantiene el mundo en movimiento.

Las aventuras y acciones de Alicia se resuelven con finales felices y lecciones de sinceridad, reconciliación familiar y regreso al mundo real dónde la codicia y moral victoriana son vencidos por la fuerza femenina y la globalización de los negocios.

A pesar de los elementos convencionales que caracterizan el relato Alicia en el espejo ofrece momentos de goce narrativo y estético que el público infantil y adulto recibe con sorpresa y risas. Personajes como el sombrerero, el conejo, la oruga azul, la reina roja y los gemelos Tweedeldum y Tweedelee —que parecen préstamos del imaginario del artista jalisciense Sergio Bustamante— son sumamente divertidos. También se disfrutan los juegos de palabra y lógica – característicos de la literatura de Lewis Carroll –como los dichos sobre el tiempo que se toman de manera literal: “el tiempo vuela”, “el tiempo es – o no es- dinero” etc. Encantadora también la estética para rituales ingleses como el “tea time” alrededor de una mesa de pasteles desbordantes en color y formas y dignas del país de Jauja. Escenarios, vestuarios, maquillaje y actuación crean poesía y magia. También los mecanismos del tiempo y las inmensas filas de relojes de bolsillo colgados en el espacio son metáforas que convencen.

La riqueza estética se pulveriza, sin embargo, a través de las acciones y persecuciones cuyos efectos digitales no abonan al encanto del espectador.

Por cierto, tampoco ayuda la música de Danny Elfman que acompaña los cambios de niveles y tono de manera uniforme y convencional.

annemariemeier@hotmail.com