Un testimonio

Gracias, maestro...


Nada puede describir mejor a don Jorge Velasco y Félix que su legado editorial. Impulsor de los más ambiciosos proyectos que, tanto en la iniciativa privada como en el sector público, fomentaron la lectura. Abogado de profesión pero amante y hacedor de libros. Desde muy temprana edad se descubrió en las letras y el periodismo; a partir de entonces, y quizá sin saberlo, comenzó a crear una escuela.

De su paso por el periodismo aprendió que los desencuentros y malos ratos no son más que oportunidades para crecer, para convencerse y convencer a otros de que los buenos proyectos siempre prosperan; que no hay mayor valor que un lector ganado y, mejor aún, un lector reincidente que con el paso del tiempo se convierta en un incondicional de los textos y los autores.

Su valentía y su compromiso con el sueño editorial lo llevaron a hipotecar su casa —aun cuando recién iniciara una familia con doña Tere, su musa y compañera de viaje y de vida— para poder imprimir libros y sacarlos a las calles. Un acto casi heroico en un país que se cree que no lee, pero del que don Jorge demostró que siempre está ávido de las historias, del conocimiento, de la recreación…

Don Jorge supo dirigir su camino impulsando a escritores, ilustradores, redactores y editores para disfrute y conocimiento
de los lectores. Nunca despreció los materiales editoriales por su formato o género: todos eran  su pasión, todos tenían valía si estaban bien hechos, si aportaban algo a las mentes y los corazones, tanto que pudo ver e impulsar el mercado editorial de la historieta, esa que hizo leer a miles de mexicanos. Recientemente, en internet desarrolló proyectos educativos para niños y los papás de los niños.

Hoy el pasaje del Metro Zócalo-Pino Suárez, que de no ser por la visión de don Jorge podría seguir abandonado, es una gran librería. Su ímpetu y terquedad lo llevaron a visualizar los planos y el proyecto, tan ambicioso que parecía impensable y que asustó a más de un funcionario capitalino por creerlo carísimo; pero la industria editorial demostró que podía crearlo y sostenerlo.

La misma Conaliteg se vio beneficiada con el paso de don Jorge por su dirección. Invitado por Vicente Fox, asumió el reto de hacerla funcional y redituable. Los números rojos se terminaron y, mejor aún, los costos de producción disminuyeron. Y aunque en lo económico y funcional la institución ya salía ganando, fue en los contenidos donde se alcanzaron los mayores logros. Por primera vez y bajo la instrucción de don Jorge, las personas débiles visuales tendrían sus propios materiales y ya no quedarían relegadas al sistema educativo de la SEP. Los hablantes de lenguas indígenas también tendrían sus propios libros.

Y aunque tuvo la tentación del retiro, Grupo MILENIO pudo convencerlo y enriquecerse de su experiencia y talento. ¿Cómo? Llegando a su corazón literario y esa gana por crear libros y libros y más libros bajo dos sellos editoriales, Agencia Promotora de Publicaciones y Ríos de Tinta. Su causa, siempre generosa, la compartió tanto como le dio la vida. Hasta sus últimos momentos no dejó de trabajar, de sentirse orgulloso de sus libros, de sus proyectos.

Fui una de las afortunadas en conocerlo. Fue mi maestro, y hoy extraño su presencia, pero también doy gracias a la vida y a Dios por haberlo puesto en mi camino y dejarme crecer y aprender a su lado. La deuda que le tengo es infinita, quizá del mismo tamaño que el cariño. Descanse en paz, querido don Jorge Velasco y Félix.