Agenda Cultural

La práctica diaria

Patricia G. Santiago es una artista del Renacimiento, insiste en que se debe pintar todos los días, la práctica diaria como compromiso del creador. La joven egresada de la Facultad de Artes Plásticas de la UNAM y maestra de artes visuales por  vocación, expone actualmente en la planta baja de la Plaza Cuatro Caminos.

Su muestra está dividida en dos partes, una con ejercicios geométricos y de color que gusta mucho a su público y la otra con bra muy personal, neo impresionista que llega profundamente al espectador que no tiene otro remedio que emocionarse ante la figura humana.Esta segunda parte, hacia el fondo de la museografía en la Plaza Comercial, está, a su vez, dividida en dos partes y  sobresale el área dedicada a los retratos.

Aquí, también irremediablemente, se detiene los espectadores, se quedan pasmados, sonríen ante el humanismo de las estampas logradas apenas en unos cuantos centímetros y buscan a la autora para ver la posibilidad de contar con su propio retrato en ese hermoso muro de la galería temporal y alternativa en que se ha convertido la Plaza de la antigua hacienda de San Julián.

La artista abre su taller Cuatro, cada mañana y espera con paciencia y un buen café a sus alumnas a quienes les habla de las mil urgencias que tiene el arte en la Comarca y les invita a ir subsanando una a una, con infinita paciencia.

Lo más plausible es que ella da el discurso de las urgencias y se pone a trabajar de inmediato, una vez terminado el café, es ejemplo viviente del pintor nómada que a donde quiera que llega escoge un lienzo, una tabla o un muro y comienza a trabajar, casi sin parar, apenas con el tiempo suficiente para jugar con su hija y seguir en el rescate de espacios, impartición de clases, organización de colectivos, de  curar la exposición de alguna amistad, de sonreír cuando llegan visitas al estudio del centro de la ciudad y de volver a preguntar, a cuestionar y de proponer sobre proyectos que se deben convertir en realidad ya.

Paty es la antítesis del artista diletante, ella urge al mundo, se apresura, aprende, enseña, demuestra, camina, abre rutas, deja su corazón en el trabajo que es su vida y vuelve a sonreír porque alguien le escuchó y la acompañó un tramo de camino o alguien más compartió con ella un lienzo, una obra, una sonrisa.


angel.reyna@milenio.com