Agenda Cultural

Los museos

Son la salvaguarda de la civilización. Su vocación les lleva a custodiar, remodelar  y difundir el quehacer de la humanidad. Son el refugio histórico de la cultura y no siempre de lo mejor de la cultura; son los museos del mundo que sobreviven a las penurias más extremas para volver a reunir, a investigar, a rescatar el legado social. Así ha pasado en Egipto, Mesopotamia  y China y seguirá pasando inexorablemente.
En la Comarca Lagunera el museo , como todo lo demás, no tiene larga historia y , lamentablemente, a veces, sin memoria. El concepto, como muchas otras cosas del quehacer ciudadano, parte de grupos de  la pequeña burguesía, son los espacios  amplios y reconocidos por la misma comunidad, a veces solo como puntos de referencia  urbana para dar con una dirección, en otras como centros culturales visitados  en compañía de los compañeros de la escuela y otras más como lugares donde se reúne la comunidad para apreciar la cultura.
Pero también existe el otro museo, el comunitario, el pequeño espacio donde se guarda un testimonio de forma más o menos ordenada, de un  periodo histórico, o de una actividad específica de la región. La Loma, municipio de Ciudad Lerdo, Durango, y el de Congregación Hidalgo, municipio de Matamoros, son  ejemplo de  esto último. Dos ideas que  parten de necesidades reales, la de conservar y divulgar el acontecer ciudadano, en La Loma el tema de la División del Norte y  el ejido, en el siglo XX;  en Congregación, el paso de Benito Juárez y su cargamento con el archivo de la nación a mediados del siglo XIX. Dos empresas comunitarias que sobreviven a pesar de todo.
La Laguna, aunque muchos lo duden, es tierra de museos  en sitios históricos, como el del Algodón y el de la Casa del Cerro; que responden a temas específicos, como el del Ferrocarril o se aventuran desde la iniciativa privada en un tema difícil en cualquier ciudad mexicana: el arte contemporáneo, como el Arocena, que además abarca tres edificios emblemáticos: el Casino de La Laguna, el Banco Chino y la Casa Arocena.
Todos ellos en la  búsqueda del  pan diario para seguir adelante en un país permanentemente en crisis, sumergidos en sus propias limitaciones algunos sobreviven  prácticamente de milagro , aún  los más solventes como el  Arocena,  que cuenta con una mezcla  afortunada de apoyo público y privado. Todos llegan a fin de año  cruzando los dedos para que el próximo periodo sea mejor y puedan concretar los proyectos que tienen en proceso.
También viven la incertidumbre de la vocación, porque cotidianamente se desvían  de su objetivo original  por incertidumbres administrativas,  existenciales, educativas,  de vida cotidiana, de relación con la comunidad y de difusión que están estrechamente relacionadas con la necesidad de profesionalizar el trabajo museístico en al región.