Agenda Cultural

Aquí estamos

Es verdad que el arte se tiene que pagar, y bien. Pero también es cierto que si alguien ayuda a que exista un grupo, una academia, una asociación del gobierno o particular, o mixta, entonces es lógico que los beneficiarios de esas iniciativas culturales y artísticas digan aquí estamos y en qué podemos servir.


La gente que da, recibe; es una fórmula que no falla. Y en este mundo las personas privilegiadas con la oportunidad de desarrollar habilidades, por gusto, vocación, incluso por circunstancias, si guardan su riqueza, no la disfrutan. O si solo la muestran a los demás si hay un billete de por medio, tampoco rinde.


Por eso es un gusto que en mitad de cualquier crisis, y vivimos varias al mismo tiempo, haya agrupaciones y solistas que sin pedir algo a cambio, acuden a impartir un taller literario, una plática sobre historia, a dar una clase de pintura, a bailar en un teatro. Incluso hay quienes dan más, ayudan a organizar un festival y aún llegan más lejos,  pagan por hacer un homenaje a una figura revolucionaria. Son gente que está ahí, como duendes, o magos que reciben mucho más de lo que dan, aunque no lo parezca.


El detalle está en que quienes reciben esas manifestaciones de solidaridad, respondan con la misma gratitud de quienes lo dan todo en un escenario, o una calle, o una plaza, o un escrito; y aunque parezca increíble, hay artistas, promotores y gestores culturales que de todos modos siguen ofreciendo su trabajo a quienes lo quieran admirar.


Pareciera una serie de incongruencias, ¿por qué dar gratis? ¿por qué seguir dando sin recibir algo a cambio? Pero cuando vemos a estos niños, jóvenes, adultos que participan en los festivales de teatro estudiantil del Isauro Martínez, o el festival de muertos en el teatro Alvarado, o los festivales de bailes polinesios, donde las niñas además de pagar por las clases que reciben,  compran sus vestuarios y bailan gratis, descubrimos, una y otra vez, que la magia está en dar.


Ahora la otra cara de la misma moneda, los promotores culturales, cuando puedan, ayuden y gestionen recursos para apoyar a los cientos de laguneros que lo dan todo sin preguntar qué habrá de ganancia. Porque esos administradores de la cultura, en la federación, el estado, el municipio, la parroquia, la escuela, el centro cultural, tienen un doble compromiso, recibir y agradecer el trabajo de los voluntarios de la cultura y el  arte y llevarlo a la gente que necesita de distractores, enseñanzas, convivencias, llevarlo sin egoísmo y con el mismo coraje de los llamados creadores.


¿Y el público? Que siga admirando el esfuerzo de todos estos voluntarios que se asolean, se desvelan, venden hamburguesas para comprar vestuarios, o hacer un viaje. Que siga aplaudiendo el esfuerzo de los que suben al escenario.


angel.reyna@milenio.com