Agenda Cultural

Turismo religioso

El turismo cultural, como toda tradición, tarda en consolidarse. La semana pasada aprecié el altar a la Virgen de los Dolores en la recepción de una casa guanajuatense, la Casa de Pita, desde donde vi pasar las estudiantinas en sus callejoneadas llenas de diversión y música.

Pasé la  Semana Mayor en  el corazón de la Joya Colonial de América, el barrio donde estuvo la hacienda de beneficio Mexiamora, un conjunto urbano que parece de cuento de hadas.Presencié las Tres Caídas en el enorme interior de la iglesia de La Compañía de Jesús, probé  las enchiladas mineras, tamales vegetarianos envueltos con rajas poblanas, comí mole y pude saborear  unos pequeños y deliciosos molletes con pico de gallo encima.

Desde Mexiamora  inicié mis recorridos por la calle Cantarranas y su maravillosa panadería La Infancia, la  mini plaza con un solo árbol y el teatro Principal y continuar por la plaza popular y colorida Plaza del Baratillo, donde se desayunan gorditas y panes callejeros con jugos de todos sabores.

Dediqué un día  a recorrer Positos, la calle de la pinacoteca de la Compañía, las galerías de la  Universidad, los tres museos de la ciudad: el del Pueblo, la casa de Diego Rivera y la Alhóndiga, además de media docena de galerías y tiendas de arte. Platiqué con turistas mexicanos y extranjeros, hice amistad con Andrea López y Rocío Bautista de Churbusco, D.F.  y fui al barrio de San Luis para apreciar la cerámica tipo Talavera que se fabrica en Dolores Hidalgo.Seguí a la procesión del Viernes Santo del Templo de San Roque, donde mis pasos se cruzaron con el eco de la procesión de La Compañía  y más tarde escuché desde el callejón de Cabecita, las campanadas que llamaron a Misa de Gallo.

Desde la Casa de Pita escuché la música de las estudiantinas y los turistas, las voces del señor barrendero, del vendedor de gas, de las señoras cuando regresaban del mercado, de los visitantes que se perdían y pasaban por el  callejón una y otra vez.También me enteré que en Viesca se celebró por primera vez la Procesión del Silencio  la tarde del Viernes Santo, espero sinceramente que sea el origen de una tradición, que sea reflejo de una verdadera religiosidad de los viesquenses y que se convierta en el oasis de cultura  religiosa que necesita el semi desierto lagunero.


angel.reyna@milenio.com