Agenda Cultural

Revolución traicionada

Cuando escuché a Pancho Villa gritar a los elementos de la Décimo Primera Región Militar de la Sedena: “Muchachos, a Tomar Torreón”, supe que el asunto iba en serio. Bajo el sol lagunero el contingente marchó desde el parque Los Fundadores hasta la Alameda Zaragoza, justo frente a donde estuvo la casa del tesorero de Villa en 1914, ví a la banda de guerra, la escolta y los soldados de la Región Militar, al Comité ampliado de los ciudadanos que se empeñan en conmemorar los hechos cívicos de la Región, los integrantes de la policía montada Rural y unos 65 jinetes civiles que cerraron el desfile orgulloso que con la sencillez del pueblo conmemoró el 102 aniversario de la Toma de Torreón.

Cuando es más fácil vociferar contra el estado y tomar una taza de café en cualquier lugar cerca de la Alameda, Fernando Garza, Jesús Sotomayor y sus amigos organizan una y otra vez, conmemoraciones de hechos históricos que a pesar de todos los intentos de los triunfadores del movimiento armado de 1910, siguen presentes en la memoria de jóvenes que convocan a los descendientes de pancho Villa, Benjamín Argumedo, Arturo Rodríguez, Gustavo Madero y gritan que la Revolución Mexicana está viva, traicionada, pero viva.

Fue muy emotivo ver a los jovencitos del grupo teatral de Elgar Díaz subidos en el Ford 1929 o a otro grupo de revolucionarios desfilar en patines, mientras ellos sigan desfilando, Tomando Torreón, colocando placas conmemorativas, la Revolución seguirá viva, la de los divisionarios del norte, los zapatistas del sur, los que no se aliaron con los poderosos para ajustar los principios de la Revolución a sus intereses de una burguesía nueva, industrial, internacionalista que muy pronto se olvidaría del por  qué la lucha de Pancho Villa, Felipe Ángeles, Juan y Gregorio García, Orestes Pereyra y muchos otros que desde la nomenclatura de las calles de Torreón, Gómez Palacio y Ciudad Lerdo, desde los monumentos rudimentarios en parques y jardines y desde la memoria colectiva dicen a voz en cuello que aquí están, que la Revolución se niega a morir, aunque para el oficialismo sea solo un motivo de fiesta.


jose.reyna@milenio.com