Agenda Cultural

Proyectos personales

“Se le va a hacer su museíto”, le dijo Adolfo López al arquitecto Pedro Ramírez, cuando supo que sería el candidato a la Presidencia de la República. Hablaba de lo que en 1964 sería el Museo Nacional de Antropología e Historia. Antes, José Vasconcelos, Secretario de Educación, convocó a Diego Rivera para pintar murales en la Secretaría de Educación y el Palacio Nacional, lo trajo de París, Francia y lo llenó de encargos en los años 20. Dos ejemplos de compromiso social y de proyectos personales al mismo tiempo. Sucedió lo contrario cuando en los años 70, Carmen Romano ordenó viajar acompañada de un piano de cola por todo México y un séquito de jóvenes artistas. Su cuñada, Margarita López Portillo estuvo al frente de la Cineteca Nacional porque le gustaba el cine y su esposo, José López Portillo, terminó casado con la actriz de moda en el sexenio: Sasha Montenegro.
Unos años antes, Esther Zuno, subió una colina en el Caribe, fue su llegada a  una reunión diplomática en el Caribe, iba acompañada de artistas  e intelectuales y cantaron  “La Internacional” en su arribo espectacular, mientras su esposo Luis Echeverría planeaba la creación  de la Universidad del Tercer Mundo.
Es el poder y su relación con los intelectuales, los artistas y la sociedad. El emperador Nerón, se creía poeta y músico en la Roma legendaria, en el  otro polo, Vaclav Havel, el intelectual checo que llegó a la presidencia de su país luego del  ocaso del sistema soviético y Olaf Palme, Primer Ministro sueco, también fue un ciudadano que llegó al poder.
El poder y su relación con el intelectual, la idea de arte va y viene para el que detenta un puesto público, puede ser una firme convicción de servicio público democrático, o un instrumento para tratar de acabar con la cultura, como sucedió con Hitler y la quema de libros en los años 30.
No siempre es blanco y negro, no todos los políticos ven a la cultura como una herramienta de cohesión social, no todos se interesan por leer o por difundir la cultura. Pero también es verdad que no todos ven a los artistas como instrumentos de justificación política, o como títeres que se mueven por becas, programas de cultura, o unas palomitas para su cine club.
Hay de todo, incluido el ciudadano que llega a presidente de Uruguay y sigue manejando su Bochito,  el que sigue siendo un ciudadano de a pie hasta el último día de su gobierno democrático y el que reniega de su pasado de pobreza y se comporta como un nuevo rico, un dictador y un embustero.
Por otro lado, el artista, el educador, el intelectual, debe estar atento y seguir su camino, con o sin el apoyo del gobierno, incluso a pesar del gobierno, como dice Jorge Melguizo.


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