Agenda Cultural

Nacho Cárdenas y los corridos

Fueron corridos del paraíso hace muchos años, los persiguieron, a algunos de ellos los encarcelaron, otros ya no están para contar sus historias, son los ex guerrilleros de este país, los sin tierra, los que cuentan quedo y fuerte sus formas de rebelión, sus tristezas y la necesidad de que no se olviden sus luchas. Van por el país, cantan sus corridos, leen sus libros, dan sus discursos, piden a los jóvenes que no se olviden de lo que otros hicieron por construir un México mejor. Son una forma de cultura que se niega a morir.

Son los corridos que interpreta Nacho Cárdenas, el profesor rural, el vecino, el que tiene una voz educada y vive de lo que escucha en las cantinas, el que recoge los testimonios de otros, los corridos de los ranchos.

El resultado de esta mezcla de gente y cultura que sobrevive a la sociedad de consumo y del olvido, se pudo ver en la explanada de la biblioteca de la Narro Laguna el jueves pasado, cuando el otro Cabañas (Pablo) y Nacho Cárdenas entonaron los corridos de los corridos, de los sin tierra, de los sin nombre, de los desposeídos, de los héroes medievales que se aferran a levantar del suelo a este país. Primero Nacho con dos bellísimos corridos de su autoría que resumen sus sabiduría popular y luego Pablo Cabañas (hermano de Lucio, el guerrillero del sur) con su voz tremendamente triste y entre el público el atacante del cuartel militar de Madera Chihuahua, Florentino Lugo, que acababa de tomar la palabra para narrar el asalto del 23 de septiembre de 1965, José Luis Alonso Vargas y el profe Paco Ornelas, con ellos otra mujer mexicana, brava, serena, orgullosa de su familia: Silvia Fernández Adame.

Una tarde donde la gente acompañó a los alcaldes de pueblos morelenses a la develación del busto de Emiliano Zapata, el discurso impactante de Lorenzo Meyer, el historiador, el hombre que vino al semidesierto para conocer la tierra de su madre, Rosa Cossío, el compañero que fue con los ex guerrilleros a San José del Aguaje y Santa Rosalía para homenajear a mujeres enteras, Rosa y Herculana, madre del guerrillero Juan Fernández Adame.

Escuchamos en silencio solidario el "ellos sabían por qué..." y luego a pleno sol el Zapata vive, se habían tardado en poner su busto en la Narro…" la cultura de los pobres, de los desvalidos, de los solidarios que sobreviven.


jose.reyna@milenio.com