Agenda Cultural

Autosuficiencia compartida

Parece un discurso de política cultural  ambigua. Sí, se es autosuficiente, pero no, porque no puedes obtener los ingresos suficientes para sobrevivir como empresa cultural y generar nuevos programas alternativos, al margen de los apoyos oficiales, tanto del gobierno, como de la iniciativa privada.
¿Entonces es una utopía ser autosuficientes? Quiénes publicitan esta alternativa ¿mienten? Sobreviven, literalmente, por los subsidios  no siempre hechos públicos, de todos modos, porque no hay beca, ni apoyos que alcancen.
La participación del estado es necesaria, el problema es ¿cómo regular su intervención, sin que apoyo económico o de infraestructura no signifique control político de la empresa? Pero también es necesario regular la actividad dependiente de empresarios culturales que viven, literalmente, del estado y alegan una independencia que no existe, sobre todo porque hay empresas culturales que no desean ser independientes; lo son en el papel o el discurso de café, pero no en la vida real.
De poco, se ha pasado a mucho y a veces casi todo. El estado y las grandes empresas han consolidado su papel de mecenas. Eso está bien, pero ahora hace falta una nueva reflexión, los organismos no gubernamentales, la llamada sociedad civil ¿tiene derecho a extender la mano y exigir un apoyo a cualquier cosa, a cualquier sueño que a veces se pierde en el bosque del disparate?
Es un poco el juego del chantaje mutuo, si no me das grito, si me das  grito, en cuanto te descuides muerdo  tu mano. Y la otra cara es,  te doy para que te calles, pero en realidad no me interesa lo que hagas.
Es un tema que pareciera un laberinto, entra y a ver como sales. Un absurdo de la gestoría y promotoría cultural que se la pasa  llenando solicitudes, informes de actividades, acudiendo a ventanillas, jugando al gato y al ratón.
Lo ideal es la combinación de recursos, el estado –en cualquiera de sus manifestaciones- la empresa privada –disfrazada de cualquier forma fundacional- y el trabajo, el dinero,  la creatividad, el compromiso del creador, del que primero exigió y luego tiene que cumplir con lo que prometió.
Estamos ante nuevos estadios del llamado emprendedurismo cultural, hace falta una actualización en todos los sectores que intervienen en la cultura, incluyendo, por supuesto, el público. Los recursos se pueden obtener, falta profesionalización en la gestoría cultural, capacitación continua y nuevas formas de asociación ciudadano-estado-empresa privada.


angel.reyna@milenio.com