Vertebral

La soberbia, el favorito

De los pecados capitales, la soberbia es el predilecto de los periodistas. Todos estamos seguros de poseer la verdad, la nuestra, es la única formación, opinión y postura infalible y legítimamente veraz, somos siempre protagonistas de los acontecimientos más relevantes, aunque no sea así. Sin embargo, en el tema de la seguridad estamos obligados a ser muy cautos y a no dejarnos llevar por el embriagante y seductor reconocimiento público. En el tema de la seguridad no hay que figurar demasiado, es más, nunca. Resulta que en el embate del crimen organizado y su penetración en las fibras sociales, no tendríamos que ser eslabón.

Hemos estado en momentos muy duros, críticos, momentos en los que está en juego la vida de alguien más. Para nosotros podría ser extremadamente fácil exhibir todas nuestras experiencias con el terrorismo (en nuestros espacios informativos, en los programas de análisis, en columnas editoriales, en los encabezados de los diarios), experiencias inéditas que podrían generarnos audiencia, lectores... Para qué. Insisto, nosotros los periodistas no somos más que un canal intermedio entre la comunidad y los distintos círculos que interactúan en una sociedad.

Debemos ser pacientes, esperar los momentos adecuados para contar las historias que cada uno, en lo particular tuvo con el flagelo de los poderes fácticos que nos amenazaron y coartaron la libre expresión, la que está garantizada en la Constitución Mexicana, debemos esperar y saber identificar los momentos idóneos para participar en foros, dictar conferencias y tomar parte en marchas, ahora, definitivamente no lo son.

Los que lo hacen, nunca han vivido, ni remotamente cerca, la presión de los grupos del crimen organizado amedrentando la línea editorial de un medio de comunicación, no han experimentado la ansiedad del rapto, son personajes que pretenden figurar, no por sus méritos periodísticos, simplemente por pretender ser interesantes para otros.

Un ejemplo de inteligencia periodística fue el de Yolanda Ruiz, una reportera colombiana que entrevistó al capo del narcotráfico Pablo Escobar, lo hizo en 1988. Yolanda decidió manejar un fragmento muy pequeño en aquel entonces, debido a lo complejo del fenómeno y a las repercusiones que hubiera generado. La entrevista tuvo que esperar 25 años para que pudiera ser transmitida en su totalidad, si se hubiera manejado antes del plazo, Yolanda no habría tenido ninguna clase de seguridad, eso sí, probablemente muy laureada y con soberbio reconocimiento.

angel.carrillo@multimedios.com