Vertebral

Las grillas de sotana negra

“Con los políticos una respetuosa relación, pero una sana distancia”, con esa frase inauguró el nuevo arzobispo Monseñor José Antonio Fernández Hurtado, su labor religiosa  en Durango. Fue presentado ante una conservadora sociedad a través de una rueda de prensa en la que estuvieron presentes autoridades eclesiásticas y el arzobispo saliente Héctor González. Dicen los que lo conocen, que Don Héctor González es un hombre de origen humilde, alegre, pero “ya mayor” para los encargos y representaciones que la iglesia en Durango exige. Sus declaraciones, en muchas ocasiones, no fueron del todo ecuánimes, ni conciliadoras para una institución que cada vez pierde más adeptos y seguidores, al menos en Latinoamérica. En repetidas ocasiones complicó el proceder de políticos encumbrados y autoridades policiacas al asegurar que un capo del narcotráfico mexicano habitaba en Durango (prácticamente) ante la complacencia de todos, pero la arquidiócesis, el Vaticano o no sé qué esfera pontificia internacional, tuvieron que aguantar las “puntadas” de Don Héctor esperando a que cumpliera sus 75 años y pudiera alcanzar así su jubilación. Finalmente llegó el día, se jubiló, se dedicará a pasar tiempo efectivo en la Casa del Sacerdote (ahí mismo en Durango) para desarrollar sus memorias, investigar el caso de mártires del estado y asesorar sacerdotes, pero ya no con los reflectores que la investidura religiosa le otorgaban, ahora “más bien” en silencio.José Antonio Fernández Hurtado se perfila, por su edad y características doctrinales, como un líder religioso de “avanzada”... Menuda labor en una sociedad tradicionalista como la duranguense. Deberá trabajar con grupos sociales que no necesariamente convergen con los dogmas cristianos como la  incipiente comunidad lésbico gay o con los grupos de choque provenientes de la normal rural J. Guadalupe Aguilera. Monseñor Fernández Hurtado es un hombre relativamente joven, nació el dos de diciembre de 1952 en la ciudad de Morelia, Michoacán, hizo sus estudios eclesiásticos en Moctezuma Nuevo México, en Tula Hidalgo; en la Universidad Saleciana Pontificia de Roma y obtuvo la licenciatura en Ciencia de la Educación con la especialización Catequesis y Jóvenes, son algunos datos que proporcionaron de su oficina pastoral en Durango. “Le va a entrar a las grillas de sotana negra”, le preguntaron algunos reporteros durante su presentación y el nuevo arzobispo de 62 años de edad atinó en responder: “Yo solamente vine a trabajar, no sé de lo que me están hablando”, resultaría ilógico pensar que en la iglesia católica no se despierta el encono, eminentemente humano, entre sus miembros. 


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