Vertebral

Para ese ciudadano con “popó” en la cabeza

No desayuné, fui directamente al lecho seco del Río Nazas para conducir, junto a Marcela Pámanes, el inicio de los trabajos de Laguna yo te quiero limpia. El clima estaba dispuesto para que los laguneros asumiéramos, sin pretextos, la odiosa tarea de limpiar una ciudad que, al menos yo no ensucié.

No me extrañó ver a esa cantidad de personajes reunidos: Los alcaldes de Gómez Palacio y Lerdo, el alcalde electo de Torreón, empresarios, líderes de medios de comunicación. Lo destacable fue que los ciudadanos salieron a las calles, muchos que donaron un poco de su tiempo y sin importar quién tiró basura, limpiaron.

Todos tenemos la decisión en nuestras manos: Participar o no, salir o no, acercarse o no. Lo que no tenemos, es el derecho de ser perniciosos y mordaces, eso no. Reza el dicho: “Mucho ayuda el que no estorba”, pero qué pasa cuando el que no ayuda, estorba.

Literalmente estábamos “en chinga” levantando basura en la avenida Abasolo y calle 29 aquí en Torreón, mi familia y yo, todos muy afectados por el polvo, la alergia se hizo presente y de pronto, un ciudadano con “popó” en la cabeza se detuvo en su coche, bajó el vidrio y me dijo: “Carrillo, te hubieras traído a Olmos”, le contesté, “Para qué lo quieres, mejor ven y apóyanos”, se le transformó la cara, “Él (Olmos) es el que tiene así la ciudad”... E imaginé la escena: Eduardo Olmos, en su “camionetón loco”, desparramando basura por toda la ciudad, riendo como la bruja del cuento (¿?)...

Para ese entonces ya me había “encabronado” y sí, le grité: “Olmos no tiene nada qué ver, los marranos somos nosotros y en lugar de criticar, mejor bájate y ponte a recoger la basura”, el tipo ni se inmuto y antes de arrancar en su coche gritó: “No lo defiendas”... A quién defendí: No a Olmos, defendí a mis compañeros de Multimedios que en ese momento, con calor, sed y alergias, levantaban basura del piso, en medio de pañales sucios, botes de refresco, papeles de baño, a ellos.

Deseo que un rayo de inteligencia ilumine la mente de ese triste ciudadano y espero que sus hijos no crezcan siendo laguneros con el miserable pensamiento de su padre.

angel.carrillo@multimedios.com