Vertebral

Ayotzinapa nos pone en tensa calma

Año 2010... Estaba avanzada la madrugada y Ricardo Gaytán (uno de los reporteros que cubría “la policiaca”) me preguntó por teléfono: “Dónde está”, estaba con mi esposa y un grupo de amigos en un restaurante, “Váyase a su casa, están atacando los bares”.  Dicen que cuando ocurre algún suceso que nos cimbra personalmente podemos recordar detalles vanos, nunca voy a olvidar qué estaba haciendo, dónde estaba, con quién, qué llevaba puesto... Pagamos la cuenta y con precaución regresamos a casa.  Así conocí 20 historias distintas de cómo gente cercana había vivido los ataques a Las Juanas, al Ferrie o a la quinta Italia Inn, en donde decenas de jóvenes perdieron la vida a manos de delincuentes. Conocí los relatos de Armando, Michelle, Aarón, Moises, personas con las que convivía casi a diario y que afortunadamente “la libraron”. “Escalofriante” fue el adjetivo común en las descripciones de todos los que de alguna manera coincidieron en esos sitios. Esto ocurre cíclicamente, ahora en Ayotzinapa. La sociedad está indignada, el gobierno se pronuncia enérgicamente, hay culpables a la vista... Solamente han visto la punta del iceberg, no han descubierto las entrañas del problema y cuando “destapen la cloaca”, apenas tendrán noción de lo que les deparará, del problema al que se enfrentan, así nos pasó a nosotros, luego vendrá otro hecho que rebase la barbarie hasta ahora conocida y lo dejaremos pasar. Hemos adquirido tolerancia a los actos criminales, a la saña y a la impunidad. Y no se trata de encarcelar a los criminales, si ahí se acabara el tema “bonita la cosa”, se trata de extraer el “mal cáncer” desde sus raíces. Cuántas personas están involucradas en el caso de los normalistas de Guerrero, cuántas, de entrada el Presidente Municipal, su esposa, el Jefe de la Policía y de ahí “para arriba y para abajo” usted elija. “Eran las 8:40 de la mañana y se escucharon disparos, como seis o siete seguiditos, luego se calló el mundo, ni un sonido en las calles, silencio sepulcral, habían matado a un joven en La Alianza, en uno de los pasillos tras los puestos, luego salí para irme al trabajo y ni un alma en la calle, tensa calma”, me platicó Isela ayer por la mañana en la primera edición del Festival Héroes Laguna en la Plaza Mayor.  Así estamos ahora mismo en el país, los gobiernos atienden su inercia diaria, la Iglesia, la Iniciativa Privada, los chicos continúan asistiendo a la escuela, los medios de comunicación seguimos produciendo diarios y noticieros, pero en tensa calma, no sabemos qué se pueda desatar a partir de Ayotzinapa. 


angel.carrillo@multimedios.com