Taller Sie7e

Del dicho al hecho

La noticia de tu muerte nos dejó estupefactos, alguien opinó que ¡era imposible!, pues jamás se piensa que personas como tú, algún día, ya no estén más entre nosotros, en nuestras casas, sobre la mesa en la primera sección del periódico, o en el noticiero de la mañana...

    Conocí a Ramón Durón hace muchos años, yo colaboraba en Cáritas de Tampico y le invitamos a dar una conferencia del “Filósofo de Güémez” para recaudar fondos,   amablemente aceptó. El buen éxito y el salón lleno fue motivo de gran alegría:  podríamos continuar con la ayuda a los  más necesitados.

    Así eras Filósofo, con esa bonhomía y generosidad tan características, te prodigabas hacia la ayuda y el altruismo cuántas veces te lo pidieran.  Siempre presto a servir desde tu encomienda pública, siempre detallista... Ahora,  ¿Quién llamará puntualmente a tus Amigos, un día antes de sus cumpleaños, para desearles todo lo mejor y siempre lo mejor?

    En tu honor, solemnes ceremonias se llevaron a cabo. En la radio,  televisión y  prensa escrita, todos agradecieron el   buen humor y la sonrisa que desvariaba en  carcajadas al leerte,   aligerando su cotidiano existir.

     Por supuesto, nunca faltan los detractores....Homo homini lupus.

     Rescataste para el mundo la sabiduría de los viejos del pueblo, de los abuelos, “sabios por derecho propio”.... De dieciséis frases originales creaste cinco mil, así como anécdotas cargadas de humor, de picardía y de obviedad.  “El filósofo de Güémez somos todos”, dirías;  pero sobre todo tú, viejo Filósofo, ¡que creaste una profunda relación con tu personaje y fue inevitable la mimetización, dualidad indisoluble que se mezcla y se retroalimenta, y se vuelve, con el paso del tiempo, una sola voz.

    Tres vertientes escriturales te caracterizaron: la política, la espiritual y la humorística.  Todas, enriquecidas por tu vasta experiencia de vida y tus logros profesionales.  Hoy, elijo la espiritual, que en no pocas ocasiones permeó  luz, optimismo y esperanza, cuando amenazaban mis tormentas.

    La Conexión con la Divinidad y la gratitud;  el amor, el humor y el milagro de la vida,  la actitud mental positiva y el disfrute de las cosas sencillas,  el ser uno mismo, el gozo del presente y la abolición de viejos paradigmas;  la evolución espiritual y el crecimiento emocional;  la solidaridad y la alegría... Fueron algunos  de los temas que gustabas compartir...

     Y así, del dicho al hecho, superaste el síndrome de la infelicidad,  amaste y fuiste amado, creciste, evolucionaste, triunfaste y tu huella ahora... es permanente.

    ¡Honor a quién honor merece!

    “¡El asunto no es cómo empiezas...sino... cómo terminas!”

¡Felicidades Papás!